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XXI MOSTRA DE VALÈNCIA

Juan Vicente Córdoba traza un lúcido retrato sobre los barrios marginales en el franquismo

La Mostra entra en su recta final sin que la competición haya ofrecido ninguna película deslumbrante. El segundo filme español a concurso, Aunque tú no lo sepas, de Juan Vicente de Córdoba, presentado ayer, refrendó la impresión de que muchas de las cintas programadas poseen momentos de emoción cinematográfica, pero alargan demasiado sus tesis para conseguir el favor del público. Algo similar se puede decir de la griega Pepermint, de Costas Kapakas, un reencuentro con la infancia que recurre en exceso a la sensiblería para llegar al corazón del espectador.

El debut en la dirección de largometrajes de Juan Vicente Córdoba es un retrato muy digno de la sociedad española del tardofranquismo en un barrio marginal de Madrid. En su premiado corto Entre vías, Córdoba ya apuntó una cierta mirada crítica hacia un ambiente que le resulta familiar. "Mi protagonista es tan macarra como yo lo he sido", confiesa el director madrileño, "y los personajes que retrato pertenecen al mundo en el que he crecido". Así, Aunque tú no lo sepas parte de una historia de amor imposible para dibujar un excelente fresco de los años 70 en la periferia de la gran ciudad, cuando la droga no había tomado posesión de la marginalidad y el término macarra era un apelativo casi cariñoso para reivindicar una manera de entender la vida: "En aquellos tiempos, los chavales que tenían algo que decir sí que podían escapar del barrio; desde finales de los 70, cuando metieron la droga en esos ambientes, ya es imposible", señala Córdoba, que presentó ayer su película en la Mostra acompañado por la actriz Cristina Brondo.Basada en un relato corto de Almudena Grandes, Aunque tú no lo sepas funciona muy bien cuando mira hacia el pasado, pero deja la impresión de que las consecuencias de un presente previsible se estiran demasiado, como un chicle que está a punto de quebrarse. En todo caso, es una película de silencios y miradas perdidas, que gustará a aquellos que buscan un punto de vista insólito sobre nuestro pasado más reciente.

También vuelve la vista atrás, a su manera, Pepermint, la rememoración que hace un ingeniero aeronáutico de su niñez y adolescencia. Pero el suyo es un recuerdo muy inocente, plagado de buenos sentimientos y exento de un análisis crítico del tránsito político en Grecia. Sus apuntes sobre la monarquía y la división social previa a la dictadura de los coroneles son únicamente anecdóticos, como si sólo interesara mostrar la cara amable de la clase media helena. El resultado es una película muy blanda, que remite vagamente a los filmes con niños (en especial los provenientes de Italia) que tanto han calado en los espectadores de medio mundo, pero que aquí se queda en una visión muy vacía del contexto en el que se ubica.

Siguiendo con su política de homenajes, la Mostra rindió tributo ayer a la tonadillera y actriz Carmen Morell, un mito dela canción española de los cincuenta. Con la sala llena de viejos admiradores suyos y la presencia de Morell, se proyectó el filme Maravilla, de Xavier Setó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de octubre de 2000

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