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Ferrari, 21 años más tarde

Schumacher aprovecha la astucia estratégica del equipo y gana en Suzuka un título que su escudería no lograba desde 1979

La cara del piloto alemán Michael Schumacher volvió a humedecerse. Su rostro, habitualmente inexpresivo, recuperó ayer el aspecto más humano por segunda vez esta temporada -la primera fue en Monza, en septiembre- cuando entró como vencedor en el Gran Premio de Japón, penúltima prueba del Mundial, que se disputó en Suzuka. Dando golpes sobre el volante y levantando el brazo a través de la ridícula cabina de su bólido rojo, Schumacher celebró íntimamente la victoria. Y después, cuando bajó del coche, no se retuvo. Se abrazó a todo el mundo, saludó uno a uno a sus mecánicos y besó a su esposa, Corinna.Fue un momento de éxtasis. Una de aquellas efemérides que uno sólo alcanza una vez en la vida. Schumacher ganó su tercer título mundial de fórmula 1 (1994 y 1995). Pero, más que por eso, la grandeza del momento vino dada por el hecho de que logró el título con un Ferrari. Y era la primera vez en los últimos 20 años que este hecho se producía. El último campeón con la marca del caballo rampante fue el surafricano Jody Scheckter en 1979. "Es difícil encontrar las palabras para describir los sentimientos que me invadieron cuando pisé la línea de llegada", dijo Schumacher. "Me imagino lo que ahora debe de suceder en Italia. Sobre todo porque la victoria no ha sido fácil y no se ha decidido hasta las últimas vueltas".

Schumacher demostró de nuevo ser el mejor. Pero eso todo el mundo lo sabía. Sus estadísticas personales no engañan: 43 victorias en grandes premios, 31 pole positions, 41 veces el más rápido en carrera, 668 puntos conseguidos y 3 títulos mundiales. Sin embargo, su triunfo se debió fundamentalmente al trabajo realizado durante los últimos años por el francés Jean Todt, director de Ferrari desde 1993, y al excelente equipo humano que ha ensamblado en Maranello.

El Gran Premio de Japón decidió ayer por décima vez el título mundial de la F-1. Pero determinaron más la carrera la picardía y la estrategia de los responsables de Ferrari que el mejor pilotaje de Schumacher. En este sentido, el finlandés Mika Hakkinen se mostró más rápido incluso que el alemán y dejó patente que su McLaren Mercedes es más veloz que el Ferrari y al menos tan fiable.

Pese a partir desde la pole position, Schumacher no pudo impedir en la salida -aunque lo intentó escorándose hacia la línea del finlandés- que Hakkinen le adelantara y tomara el liderato de la prueba. Y a medida que ésta avanzaba, parecía que el escandinavo lograría su objetivo de retrasar hasta la última carrera (Gran Premio de Malaisia, el próximo día 22) la proclamación de Schumacher como nuevo campeón.

Sin embargo, en la segunda entrada en boxes (37ª vuelta), la carrera se rompió. Hakkinen entró primero, pero Schumacher retrasó su repostaje hasta tres vueltas más tarde. Con el depósito vacío, Schumacher se lanzó a un ataque furibundo y, a pesar de la lluvia, logró una ventaja de 26 segundos. Fue suficiente. Le bastó para mantener su liderato tras su paso por los talleres.

"Cuando vi a Mika volver a los boxes", recordaba Schumacher, "me dije que las dos o tres vueltas siguientes serían cruciales. Ataqué. Había algunos rezagados y la pista estaba mojada. Cuando realicé mi repostaje pensé que no había arañado suficiente tiempo, pero Ross Brawn, director técnico de Ferrari, me dijo por la radio: 'Está bien, está bien'. Y cuando regresé a la pista, agregó: '¡Es formidable!'. Vi a Hakkinen por detrás, en la recta. Fue el momento más fabuloso de mi carrera".

De la misma forma, aquel instante se convirtió en el más desesperante para el finlandés Hakkinen, uno de los primeros en felicitar al nuevo campeón. "Algunas veces debes ser un buen vencedor. Pero en otras ocasiones hay que saber ser un buen perdedor. Michael ha logrado un gran objetivo este año. Yo estoy decepcionado, pero tengo dos títulos. La vida y las carreras continúan".

El resto de la carrera careció de importancia. David Coulthard fue tercero, Pedro de la Rosa undécimo, y Marc Gené abandonó con problemas de motor. "Schumacher merecía la victoria", reconoció el de Sabadell.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de octubre de 2000