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CARTAS AL DIRECTOR

Llanto por Rami

Como cualquier persona normal, tengo mis problemas, que afronto sin llorar. Pero hoy mis lágrimas caen por mis mejillas por un niño, un inocente condenado a muerte a los 12 años por el delito de haber encauzado su rabia tirando piedras.Hoy sé que el niño que me hace llorar se llamaba Rami Aldura, y contra aquella pared convertida en paredón pretendía sin duda salvar su vida, sin escapatoria, ante las balas asesinas de unos desalmados. Hoy Rami es mi hijo, lo siento como mi carne y mi sangre, frente a la suya carente de vida, y lloro por su pérdida. Y ruego a Alá, a Yaveh, a Dios, que tenga a Rami y a todos los Rami de este mundo con Él.

Y hoy soy Jamal, quien con su cuerpo pretendía ser la barrera que impidiera la llegada de las balas asesinas de su hijo, su descendencia, su futuro y el de todos nosotros. Hoy deseo que Alá, Yaveh, Dios, nos otorgue a todos un hijo para que, siendo padres, sintiéndonos padres, seamos incapaces de apretar un gatillo contra un niño, por muchas piedras que tire, y que por los niños intentemos entendernos. Y ruego para que los israelíes recuperen la memoria histórica porque hoy empiezo a pensar que mantienen actitudes que ellos han sufrido, lo que hace más incomprensible esta atrocidad.

Hoy lloro porque Rami ha muerto, porque soy Jamal. Hoy lloro porque soy palestino.- . .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de octubre de 2000