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Tribuna:LAS CLAVES DE LA SEMANA

El PSPV vuelve a la faena

Ningún hecho político más notable que el debate parlamentario sobre política general que ha tenido lugar estos días en las Cortes Valencianas y que ha sido el primero de la presente legislatura. Al interés habitual del mismo se sumaba en esta ocasión el bautismo del portavoz socialista como tal, después del reciente congreso que ha querido ser un punt de partida. El corolario de la prueba ha sido positivo, aunque manifiestamente mejorable. Pero lo decisivo es que, aventados los problemas internos, el PSPV parece dispuesto y equipado para ejercer su función opositora y para animar la agenda legislativa acometiendo los problemas y proyectos pendientes. Bienvenidos a la faena y que comience la crítica y el diálogo.

Un debate sobre política general constituye siempre un acontecimiento parlamentario, una suerte de fiesta grande en la que los partidos políticos concurren con sus mejores galas retóricas, conscientes como son de la proyección mediática del fasto. En esta ocasión, y nos referimos al debate desarrollado estos días pasados, el lance tenía un interés acrecido debido al estreno del portavoz socialista, Joaquim Puig, que tomaba la alternativa en estos menesteres después del congreso de su partido, celebrado el último fin de semana y que, presuntamente, no le habría dado tiempo para ponerse al corriente de la tarea. El diputado no es un novicio de la política, pero tampoco recordamos que se haya visto nunca en trances semejantes. La expectación se palpaba y los pronósticos, ni siquiera entre sus afines, derrochaban euforia.Sin embargo, y a mi entender, el novedoso sindic socialista salvó dignamente la cara. Se percibió, lógicamente, la falta de tablas, propia de un misacantano abocado súbitamente a decir misa mayor, pero esa es una laguna transitoria que se remedia con la práctica. Peores aprendices castelarinos hemos visto cuajar en oradores más que pasables y nada impide que el citado alcalde de Morella mejore sus prestaciones dialécticas, que a la postre se resumen en leer bien un texto, sazonarlo con unas dosis de efectismo y estar familiarizado con el meollo del discurso y debate. Por otra parte, no es descartable que este portavoz inaugure una retórica en la que la letra se sobreponga a la música y al gesto.

En este aspecto, el de la letra o contenido, debemos subrayar que los redactores del discurso con el que Puig contestó al del presidente Zaplana se revelaron eficaces y agudos. A nuestro juicio, acertaron al incidir en los aspectos más vulnerables de la gestión gubernamental, neutralizando en lo posible la pirotecnia prodigiosa de realizaciones y progresos disparada por el molt honorable. Esto quiere decir que, a pesar de la prolongada bronca interna del PSPV, alguien o algunos no han perdido la costumbre de pensar y el gusto por la crítica, además de ver las cosas que pasan en el país. Un detalle que nos autoriza a confiar en que, de una vez, la oposición socialista se ponga al tajo y se gane el jornal en los escaños.

Quiere decir asimismo que, si no confundimos los deseos con la realidad, al partido mayoritario se le han acabado las largas vacaciones parlamentarias y la morosidad con que abordaba ciertos problemas pendientes con la excusa de un PSPV desvalido. Por su bien -pues la fiscalización y la brega le impedirán dormirse sobre los laureles-, por el bien del país y la dignidad de la Cámara debemos celebrar que se haya restaurado la dinámica entre el poder y la oposición, reconfortada ahora por la renovación que acaba de asumir.

No es éste el espacio idóneo para incidir en la nómina de asuntos que están requiriendo la atención compartida del PP y PSPV, y de cuya relación contradictoria ha de alumbrarse la solución o al menos su planteamiento. Estos días, y desde la tribuna del plenario, se han citado todos o su inmensa mayoría. Unos son eminentemente políticos, como la reforma del Estatuto o la Academia de la Lengua; otros son atinentes a nuestra nervatura y futuro económico, como el agua, las comunicaciones, la ordenación del territorio o la financiación de la autonomía. Todos ellos son perentorios para ahormar el país de cara a los desafíos del nuevo siglo, en el que debemos dejar de ser región europea mendicante tanto como opulenta en autosatisfacción.

Y una nota final que no tiene más fundamento que la intuición. Pero intuyo que el presidente Zaplana se aburre y ha comenzado a sacudirse las alpargatas. O podría acontecer que este debate no le inspirase otra cosa que una faena de aliño. En todo caso, lo vimos enervado, siendo así que la faena pendiente es como para vestirse el mono de trabajo y hacer un alarde de su indudable capacidad movilizadora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de octubre de 2000