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La dueña de un perro muerto obliga a exhumar el cadáver

Pepelu, un perro raza podenco que contaba cuatro años de edad cuando murió hace más de dos meses, supuestamente arrollado por un coche en la N-II, fue desenterrado ayer ante la atenta mirada de su dueña, Antonia Gutiérrez, y a petición de ésta y de varios miembros de Los Verdes de Madrid. Gutiérrez había denunciado la desaparición de su mascota el 24 de junio y, tras una infructuosa búsqueda, supo que Pepelu había sido enterrado junto a la carretera sin que la empresa encargada de sepultarlo realizara la preceptiva lectura de microchip para saber si tenía dueño."Tratan a nuestros perros como basura. Y si son basura, ¿por qué tenemos que ponerles el microchip?", se preguntaba la dueña de Pepelu, que recibió por un amigo la noticia de que su perro podía estar ya enterrado. Augusto Pérez, capataz de la empresa encargada por el Ayuntamiento de sepultar a los animales muertos, aseguró que "cuando hay un perro muerto que está entero pero que no ha provocado ningún accidente, no se le hace la lectura del microchip. A nosotros siempre nos han dicho que los enterremos en cal viva", añadió. Pérez se lamentó de lo sucedido ya que, afirmó, "lo normal es que la gente no se interese por su mascota y la abandone en la carretera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2000