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JUEGOS OLÍMPICOS DE 2000

El gigante trata de limpiarse tras los escándalos de 1994 y 1998

En noviembre de 1997, apenas un mes antes del comienzo de los Mundiales de natación en Perth (Australia), la Federación Internacional de Natación (FINA) salió en defensa de los nadadores chinos tras las nuevas acusaciones australianas de dopaje. El técnico Don Talbot sospechaba con fundamentos ya antiguos de las impresionantes marcas conseguidas por los chinos en sus Juegos Nacionales, en octubre. También podían haber protestado otros países anfitriones si se hubiesen disputado en esos momentos Mundiales de atletismo o halterofilia, los otros dos deportes bajo sospecha. Mientras el halo misterioso de las corredoras de Ma Junren continúa, varias levantadoras fueron ya desenmascaradas en su propia casa.Pero la natación ha superado todos los récords. La FINA tardó poco en tragarse su defensa de los chinos. El 8 de enero, a su llegada a Perth, los aduaneros descubrieron 13 ampollas de la hormona de crecimiento (el último gran método de dopaje junto a la EPO), en el equipaje de la bracista Yuan Yuan. El escándalo fue mayúsculo y subió incluso de tono cuando salieron a la luz cuatro casos positivos en los primeros controles efectuados. Pese a la amenaza de plante de muchos países, encabezados por Australia, el equipo chino no fue expulsado de los campeonatos, como se exigía y el asunto se saldó con la eliminación de los cuatro positivos, la bracista Yuan y su entrenador.

Llovía sobre mojado. Cuatro años antes, en los Mundiales de Roma 94, las nadadoras chinas arrasaron al ganar 12 de 17 pruebas (al estilo RDA) y Yuan fue plata en los 200 metros braza y bronce en los 100. Sólo dos meses después, cuatro nadadores y tres nadadoras, junto a dos piragüistas, una atleta y una ciclista dieron positivo en los Juegos Asiáticos de Hiroshima (Japón). Entre las detectadas estaban Lu Bin y Yang Aihua, campeonas del mundo, respectivamente, de 200 metros estilos y de 400 libres. La escalada china se fue por primera vez por un barranco y se descubrió la larga mano de técnicos de la antigua RDA refugiados allí como en otros muchos países tras la caída del Muro.

El primer gran escándalo sorprendió incluso a Juan Antonio Samaranch, también defensor hasta entonces de la pureza china tras reintegrarse en el movimiento olímpico después de largos años de su ausencia. El gigante volvió en la Universiada de Edmonton (Canadá), en 1982, primero, y en los Juegos de Los Ángeles, en 1984, más tarde. Diez años tardó en descubrirse que su mejoría y su potencial creciente no eran tan limpias. Y tras ir con un corto (y ya elocuente), equipo a Atlanta 96, aún sigue de limpieza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de septiembre de 2000