Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El mausoleo olvidado del dictador Trujillo

El cementerio de El Pardo guarda los restos del hombre que gobernó durante 30 años República Dominicana

"Parcela 46 A, panteón de segunda meseta". Esos escuetos datos son la única prueba de que un mausoleo negro, sucio y deteriorado, y sin ninguna inscripción, del cementerio municipal de El Pardo conserva los restos de Rafael Leónidas Trujillo, el dictador que durante 30 años gobernó la isla caribeña de República Dominicana.A pocos metros de distancia de la entrada del cementerio se puede apreciar el inmenso recinto de mármol, sostenido por dos columnas, donde fue enterrado el dirigente dominicano. En la puerta acristalada, tallada en hierro, el óxido ya ha hecho estragos. Y al echar un vistazo sólo se divisan rincones repletos de polvo. El mausoleo no tiene ninguna inscripción. Preso de las telarañas, parece olvidado. En su interior han caído las losas y apenas se conservan en pie algunas de las imágenes religiosas que dejaron allí sus familiares.

"Hace mucho que no viene nadie", cuenta una de las encargadas del cementerio, que prefiere no identificarse. Cuando le mencionan el nombre de Trujillo, se enfurece: "Yo no sé nada ni voy a decir nada. Cualquier cosa averígüela con la familia", comenta con rabia.

"Yo no creo que esté olvidada. A lo mejor hay que hacer alguna obra, pero es que el tiempo pasa y uno va dejando sus muertos", dice Aída Trujillo, nieta del dictador. "Además, algunos familiares hacen una misa allí cada año", agrega. Aída acudió meses atrás a la presentación de La Fiesta del Chivo, el libro del escritor peruano Mario Vargas Llosa que revive el mito del dictador. Se atrevió a ir, pese a que después confesó que su lectura le causó un profundo dolor. "Pero estoy vacunada", dijo en una entrevista.

Rafael Leónidas Trujillo murió un día de mayo de 1969. Tenía 69 años. Una ráfaga de tiros acabó con su vida cuando recorría en su coche la distancia entre Santo Domingo, la capital, y su natal San Cristóbal. Para algunos, la dictadura incrementó la fortuna personal de Trujillo y se convirtió en una triste etapa de represión. Para otros, el presidente fue el gran benefactor que elevó el nivel de vida de los dominicanos.

Cuando Trujillo murió, sus familiares decidieron que fuera sepultado en París. Su cadáver embalsamado navegaba en un lujoso yate con rumbo a Francia cuando fue detenido, pues se creía que dentro de la embarcación había millones de dólares en lingotes de oro. Después de la operación, el féretro llegó a la capital francesa en avión. Allí fue enterrado en el cementerio de Pére Lachaise.

En el mausoleo familiar de Madrid acabaron los restos de Rafael Trujillo, Ramfis, padre de Aída e hijo del dictador. Cuando Ramfis murió, los restos del ex presidente dominicano, que se hallaban en una tumba a escasos metros de la de Beethoven, en París, fueron trasladados a El Pardo. Fue en 1970. "Se hizo así para que estuviera cerca de mi padre. Y no le pusimos ninguna inscripción, porque no queríamos que se supiera demasiado", explica Aída.

En el cementerio de El Pardo también se encuentran los restos de personajes de la era de Franco como los presidentes de Gobierno Luis Carrero Blanco, asesinado por ETA en 1973, y Carlos Arias Navarro, fallecido en 1989.

Pocos trabajadores de El Pardo saben quién yace en el mausoleo de mármol negro. Sólo la vigilante y un empleado más que también se niega a hablar cuando le mencionan el asunto. Como si se tratara de un tabú.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de agosto de 2000