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La procesión de la Virgen de la Paloma pone fin a las fiestas más castizas

Las vacaciones de agosto no se dejaron sentir ayer en la celebración de la Paloma. Miles de madrileños acompañaron a la imagen madrileña en su procesión por la tarde. Los bomberos del Ayuntamiento de Madrid cumplieron también con la tradición: bajaron por la mañana el cuadro de la virgen y lo llevaron después en procesión por las calles más antiguas de la capital.Un bombero subido a una larga escalera rodeó la parte superior del cuadro con una cuerda, que sirvió para bajar la imagen. Otros efectivos la esperaban al pie de la escalerilla y la liberaron de las ataduras. Antes se había oficiado una misa en su honor y se hizo una ofrenda floral en la que participó parte de la Corporación municipal, con el alcalde, José María Álvarez del Manzano, a la cabeza, que suspendió sus vacaciones en Almería para la ocasión.

"Este año no podré cumplir con la tradición de bailar un chotis porque me he hecho un esguince de tobillo", señaló el regidor. A partir de ese momento comenzó a desfilar el público, que se acercó a la imagen para besarla.

La historia cuenta que los feligreses de la parroquia de la Paloma, situada en lo que después sería la Gran Vía de San Francisco, solicitaron la ayuda de los bomberos para descolgar el cuadro de su patrona y sacarlo en procesión. Desde entonces, se convirtió en una tradición que todavía perdura.

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