La Festa cambia el siglo imperturbable
Entre el aleteo de cientos de abanicos con la cara de porcelana de la virgen de la Asunción, el Gloria Patri, último canto del Misteri d'Elx, cerró ayer las representaciones de agosto de 2000 en la basílica de Santa María. La Festa cambia de siglo imperturbable, a no ser porque más arriba del cielo han instalado un aseo portátil, y el drama ha viajado, por primera vez, a través de la línea telefónica para llegar a las pantallas de los ordenadores.Por las puertas de la basílica, fiel a su cita, asomó la ciudad, mientras algunos niños subidos a los hombros de sus padres soñaban con volar un año próximo bajo un cielo de lona azul. Marías, ángeles, apóstoles, judíos y público se marcharon a Santa Pola en busca del mar, dejando calles desiertas, buena parte de las fábricas y los comercios cerrados, y con el color del oropell grabado en las pupilas. Y así, untados por el ungüento mágico que dejan en las mejillas los cantos gregorianos, las polifonías barrocas y los sonidos renacentistas, la ciudad reflexionó sobre quién es y ahora descansa.


























































