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El escritor varado

No podía ser otro. Caminaba entre los jovencitos con aire ausente, conectado al mundo sólo por medio de un vaso de plástico que contenía vino, porque en los festivales indies no dispensan absenta. Era el único que en la Carpa Polar usaba americana, grisácea y gastada. Sí, no podía ser otro, era Michel Houellebecq, el enfant terrible de la literatura francesa, que hoy actúa en el FIB. "No soy músico, sólo digo palabras", admitió. "¿Que si este es el lugar idóneo para actuar? Tal vez no, la gente va y viene sin fijarse en el escenario".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de agosto de 2000