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TOUR 2000 16ª etapa

"Pasarán muchos años hasta tener otra oportunidad así"

Heras se lamenta por la curva y por su currículo

¿Quién consuela a Heras? A él, uno de los corredores que menos largo se les está haciendo el Tour, pero que pese a todo nunca había visto la pancarta de meta tan apetitosa ni se había encontrado en otra situación igual, le quitó el triunfo una curva súbita. Ya estaba pensando en cómo atacarle a Virenque, el último obstáculo antes de su tarde gloriosa. En cómo sería uno de los pocos corredores con una etapa de la Vuelta, otra del Giro y otra del Tour en su currículo. Lo tenía todo a punto, hasta el detalle de estirar la pierna derecha para disimular calambres. Había despistado a Virenque y a toda Francia, porque en realidad estaba calentando los músculos para preparar el sprint frente a un adversario solitario y con unas piernas menos rápidas que las suyas. Pero la curva del kilómetro 195 se le atragantó. La curva de Heras.La caída no le trajo más consecuencias que un pequeño golpe en la rodilla y una rueda torcida. Bobadas al lado de lo que para él supuso la tragedia de no ganar en una tarde ideal en el Tour. "Pasarán muchos años hasta que se me presente una oportunidad como ésta", se lamentó sentado en la parte trasera del segundo coche del Kelme, sin ganas de hablar, con las lágrimas ya secas, pero sin quitarse de encima la misma angustia que cuando cruzó la meta y se echó a los brazos de su director, Vicente Belda. "Es muy fácil decir que me tranquilice, que habrá otros días. Pero estoy completamente desmoralizado. Estoy hundido".

La casualidad hizo que Heras perdiera su etapa el mismo día en que más dio la cara en el Tour, el único en que ocupó la cabeza de carrera. Hubo un momento en que tuvo en su mano incluso la tercera plaza. La guinda para el Kelme. A Heras, sin embargo, no le obsesionaba. Sabía que el viernes queda la contrarreloj larga, el calvario de los escaladores puros como él. "Sólo pensaba en la etapa. El podio era muy difícil".

A Heras le bastaba con enseñar su repertorio de escalador e inscribir su nombre junto al del también bejarano Laudelino Cubino, y algunos otros más, como ganador en las tres grandes. "Es una demostración de que estoy muy fuerte en esta tercera semana", intentaba consolarse, aunque sin poderse olvidar de la famosa curva de Morzine, que desde ayer no es anónima. Como tampoco lo es una que, unos kilómetros más arriba, lleva el nombre de Perico Delgado y un año, 1984. "No estaba señalizada", insistía. "Era muy peligrosa. La mala suerte se ha cebado conmigo".

Al menos el golpe contra la valla sólo le produjo heridas en el orgullo (Delgado se rompió la clavícula) y le sirve de enseñanza. Heras llegó al Tour desdramatizándolo, diciendo que al fin y al cabo es una carrera ciclista, como lo son las demás. Pero el Tour tiene estas cosas. Y tiene otras, como los favoritismos hacia ciertos corredores. Ahí está el caso de Virenque, inferior a Heras en la llegada, pero con una alianza secreta con la suerte. Claro que también la llamó. En la cima del Joux Plane se dirigió al español, le gritó y le hizo gestos para que se lanzara en el descenso. Influyera o no en la caída, el francés acabó solo entre la muchedumbre de Morzine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de julio de 2000