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El partido de Mugabe logra la victoria en Zimbabue, pero tendrá una fuerte oposición

Es el resultado soñado: que ambos partidos tengan argumentos para reclamar la victoria y evitar los temidos incidentes poselectorales. El presidente Robert Mugabe acató anoche el resultado en un discurso breve -"nos obligan a todos"-, destacó el carácter parlamentario y no presidencial de los comicios y prometió colaboración con el nuevo legislativo. Su partido, la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU-PF), ha logrado 62 de los 120 escaños en juego. La oposición del Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), creado en septiembre de 1999, ha conseguido 57.

Mugabe dispone ahora de la prerrogativa de nombrar otros 30, que, teniendo en cuenta el pasado, sumarán esfuerzos con el ZANU-PF. A pesar de todo, algo ha cambiado: las elecciones certifican, sobre todo, la muerte del sistema de partido único. Los 19 escaños de Harare han ido a parar al MDC, igual que los de la segunda ciudad del país, Bulauayo. Matabeleland ha votado con la oposición. A Mugabe le han salvado las áreas rurales, aquellas en las que se desarrolló la campaña de intimidación. Es imposible cuantificar ese miedo en escaños, igual que las irregularidades descubiertas durante el fin de semana, pero sí es un hecho que la oposición no ha podido efectuar campaña ni trasladar su mensaje a una gran parte del país. El lentísimo escrutinio oficial y el anuncio de resultados torpemente desgranados en la madrugada por el controlador general, Tabaiua Mudede, no lograron empañar la impresión de los observadores de que esta fase final del proceso ha sido limpia, no así la precampaña.

Morgan Tsvingarai, líder del MDC, considera que estos resultados permitirán un auténtico debate nacional, que espera se refleje en el nuevo Parlamento. "Zimbabue no será el mismo", dijo satisfecho. Aunque él no logró escaño, posibilidad que ya estaba en sus planes para preservarse para las presidenciales en dos años, promete una oposición dura, pero dispuesta al diálogo, y llevar a los tribunales el escrutinio en 20 circunscripciones.

Mugabe deberá, por ley, pactar con el MDC toda enmienda constitucional, para la que se requieren los dos tercios. O negociar los presupuestos. Johatan Moyo, jefe de la campaña del ZANU-PF, quien predijo una victoria de su partido de 117 a tres, admitió el cambio de decorado: "No hay duda de que habrá que trabajar con ellos". Algunos de los diputados jóvenes elegidos por el ZANU-PF proclaman sin rodeos que es necesario modificar el estilo de gobernar. Las miradas están en Mugabe, pues tiene algunas decisiones clave que tomar: nombramiento del Gobierno, plan para sacar al país de la gravísima crisis económica, la reforma de la tierra o saber si está dispuesto a cohabitar con el MDC.

En su primer discurso no hay pistas, pero felicitó al MDC, al que invitó a seguir intentándolo. El último párrafo del primer informe de la misión de observadores de la UE da pistas: "El presidente de Zimbabue tiene que jugar un papel crucial en la fase poselectoral". A juicio de una fuente diplomática europea en Harare, la frase es una mano tendida para acabar con el enfrentamiento y permitir la reapertura negociada de las líneas crediticias del FMI, esenciales para evitar la catástrofe. Los analistas locales predicen un colapso antes del final de año si no se adoptan medidas urgentes de choque. El Gobierno saliente, por ejemplo, aprobó en la noche del escrutinio oficial, ya con las urnas cerradas, el racionamiento de la gasolina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de junio de 2000

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