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Tribuna:

La necesidad de la escuela cuna MARINA SUBIRATS I MARTORI

El término escuela cuna no es el que habitualmente se utiliza en castellano para hablar de las guarderías. Y sin embargo creo que es el adecuado para plantear el tipo de centros educativos para el ciclo de cero a tres años que necesitamos en la actualidad. El término guardería sugiere que en esta etapa no hay necesidad de función educativa sino solamente de guardar a los niños y niñas. Frente a esta concepción, todos los signos indican que en el momento actual hay que plantear instituciones educativas para atender a una etapa de la vida en la que la capacidad de absorción de conocimientos y sensaciones es la más elevada que poseemos nunca.Hoy sabemos que la socialización primaria es la que construye los fundamentos de la personalidad humana. Posteriormente se produce la socialización secundaria de la que tradicionalmente se ha encargado la escuela y que construye sobre las bases ya fijadas anteriormente. Estas bases han sido durante siglos transmitidas sobre todo por la familia; sin embargo, la familia actual está cambiando con una enorme rapidez, no sólo en su composición y funciones, sino también en su capacidad de transmitir normas. Tanto la dedicación de las mujeres al trabajo remunerado como la disminución numérica de miembros de la familia, que dificulta la relación que existía anteriormente con abuelas, tías, hermanos y hermanas mayores, etcétera, están llevando a una situación en la que no se asegura suficientemente la socialización primaria. De hecho, cada día se hace más patente que la intensidad de la dedicación de hombres y mujeres a la vida profesional, que ha tenido como consecuencia el gran aumento de la producción y los servicios en nuestra sociedad, se ha hecho a costa de crear déficit en otros ámbitos: el trabajo socialmente necesario para la reproducción y socialización de las nuevas generaciones no queda hoy asegurado, como muestran la disminución de la natalidad y las deficiencias observadas en muchos niños y niñas respecto de la adquisición de hábitos básicos de convivencia.

Frente a ello, es necesario arbitrar soluciones que vayan más allá del simple parche. Está en juego el futuro mismo de nuestra sociedad, que a menudo da más importancia a los objetos que a las personas, olvidando que la construcción de la personalidad humana requiere un trabajo y no es algo que se produzca de forma espontánea como la salida del sol o la caída de la lluvia.

De aquí que debamos pensar en la creación de un sistema de escuelas cuna, que se proponga, en primer lugar, asegurar el correcto desarrollo físico y mental de nuestros niños y niñas y, en segundo lugar, la adquisición de los hábitos básicos, sin los cuales poco podrán hacer los esfuerzos posteriores de la escuela primaria y secundaria. Si en algo no debiéramos ahorrar esfuerzos ni recursos es precisamente en la socialización y educación primaria de las nuevas generaciones. El Ayuntamiento de Barcelona así lo comprendió ya hace años y, por ello, ha dotado a la ciudad de un conjunto de escuelas cuna municipales cuya calidad es ampliamente reconocida. Sin embargo, el número de plazas existentes es todavía insuficiente para las necesidades actuales, como lo es en el conjunto de Cataluña. Se plantea así un reto equivalente al que se planteó a principios del siglo XIX respecto a la escuela primaria: hay que pensar en la escuela cuna como un servicio con tendencia a la universalización, que garantice la igualdad de oportunidades y un nivel de calidad equiparable al que históricamente tuvo la educación en el hogar.

Éste es, por tanto, el reto que tenemos ante nosotros y lo que habrán de tener en cuenta los partidos políticos cuando debatan en el Parlament sobre la creación de plazas educativas para el ciclo de cero a tres años. La necesidad y la urgencia de estas plazas es tan evidente que todos los partidos políticos, en las diversas contiendas electorales recientes, han incluido la promesa de construcción de guarderías. Sin embargo, las concreciones que se han ido produciendo en los últimos tiempos en Cataluña no son satisfactorias. El Departamento de Educación no ha diseñado el modelo pedagógico y organizativo de estos centros y ha dejado en manos de los municipios la creación de guarderías, ofreciéndoles unas cantidades irrisorias tanto para su construcción como para su mantenimiento. Por otra parte, ha iniciado la concesiónde subvenciones a centros privados. Todo ello en la ausencia de una normativa clara que fije los objetivos y las normas de funcionamiento de los centros, garantizando la calidad educativa necesaria.

Si no se produce un golpe de timón en esta política, los resultados pueden tener consecuencias a medio plazo tan negativas que harán necesario un esfuerzo de reforma muy superior al que se requiere ahora para crear un servicio adecuado. Es cierto que a veces las consideraciones económicas y las presiones políticas conducen a soluciones improvisadas, pero lo que se plantea aquí tiene suficiente calado para que lo abordemos con mayor profundidad. Es hora de comprender que no se trata de crear un sistema para guardar niños durante unas pocas horas y a bajo coste, sino de diseñar un sistema público de educación infantil cuyos resultados tienen incluso mayor trascendencia para las personas de la que tienen posteriores etapas educativas. Subordinar estas necesidades a la disponibilidad de recursos económicos en un momento concreto puede ser hipotecar años y años de nuestra futura vida social. Desde aquí quisiera hacer un llamamiento a todos los grupos políticos para que tengan en cuenta estas consideraciones. Contamos con muchos recursos para crear un buen sistema de escuelas cuna. Muchos ayuntamientos están dispuestos a hacer el esfuerzo necesario, porque conocen las dificultades de las familias. Muchas familias se muestran dispuestas a colaborar y esperan de los partidos soluciones adecuadas. Tenemos equipos de educadoras de enorme experiencia y dedicación. El debate en el Parlament es una ocasión que no se puede desperdiciar: estamos aún a tiempo de crear el sistema público de educación infantil que Cataluña necesita para que los hombres y mujeres del siglo XXI aprendan a ser.

Marina Subirats i Martori es regidora presidenta de la comisión de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de junio de 2000