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"Salvé la pierna de milagro", declara el brigada del cuartel atacado ayer en Bilbao

Tres encapuchados colocaron en la madrugada de ayer cuatro artefactos incendiarios en la Comandancia de Marina de Bilbao. Los militares de guardia vieron por las cámaras a los agresores. Oyeron dos estallidos, que destrozaron dos coches. Y una pareja de soldados se acercó a la puerta para inspeccionar una garrafa. El brigada mecánico le dio una patada; décimas de segundo después, explotó. "No me quedé sin pierna de milagro", relató ayer

Eran las cuatro y media de la madrugada, y el brigada mecánico y otros soldados del cuartel veían El Zorro por televisión cuando el vigilante de guardia detectó por las cámaras de seguridad cómo se acercaban tres encapuchados con garrafas sospechosas. Segundos después oyeron "el gran estruendo" de dos detonaciones.El brigada mecánico y una pareja corrieron hasta la puerta del cuartel, donde los radicales habían dejado una garrafa de cinco litros para guardar aceite que "olía muchísimo a gasolina" y tenía la mecha encendida. Sin pensarlo mucho, el brigada le dio una patada. "Décimas de segundo después", contó ayer a este periódico, el artefacto explotó. Quedó ardiendo en la acera. Era del mismo tipo de los que habían destrozado un vehículo blindado y "chamuscado" una furgoneta y el coche de representación del comandante. El brigada mecánico salvó "la pierna", o la vida, "de milagro". Tampoco se sorprende demasiado: "El terrorismo de baja intensidad es un cuento chino de los políticos. No es más que trasladarlo a la calle; si te pilla, te lleva por delante igual que un disparo en la nuca".

Además de las que estallaron en el aparcamiento, una garrafa ardió simultáneamente en un lateral de las instalaciones de la Comandancia, en la calle Ibáñez de la capital vizcaína. Los artefactos estaban confeccionados con líquido inflamable y mechas, según informó la Ertzaintza.

El brigada mecánico dijo ayer que en los 10 años que lleva en el cuartel nunca habían sufrido un ataque "de esta envergadura". A su juicio, la situación va "a peor". Con lo de ayer, la kale borroka (lucha callejera) se ha cebado en lo que va de año con cuatro casas-cuartel y una comisaría de policía.

El brigada, de 44 años, sólo sale del cuartel de noche; de día es "arriesgado, hay más gente y es difícil controlar a los que te quieren atacar". No acude, por lo tanto, a lugares concurridos. Pasa las jornadas en lo que llama "la topera": su cuartel, sin patios, con habitaciones individuales, sin "comunicación con el exterior", por motivos de seguridad. Al final se queja: "Nuestra vida aquí es un encierro". Estar "al aire libre es peligroso".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de junio de 2000

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