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La 'Odisea lúdica', a punto

Falta terminar de pintar y recoger los bártulos de las brigadas de obra. Sobre una superficie ligeramente superior al millón de metros cuadrados y con un presupuesto de 45.000 millones de pesetas, ha finalizado en Benidorm la construcción de Terra Mítica, el parque temático que, dicen, supondrá el inicio de un nuevo modelo turístico en el litoral valenciano. El macrocomplejo de ocio, que se ha levantado en el tiempo record de 27 meses, abrirá sus puertas al público durante la tercera semana de julio. De momento, con la obra civil acabada y las atracciones instaladas, han comenzado las pruebas mecánicas con sacos terreros, mientras las barcazas de inspiración egipcia, griega, romana e íbera ya circulan por el lago central donde se recrearán batallas navales y el castigado viaje de Ulises.Sobre ese lago giran los contenidos temáticos del parque, pirámide de Keops y Faro de Alejandría incluidos, y los 35 bares, cafeterías y restaurantes (con capacidad para 5.300 comensales) estratégicamente dispuestos para facilitar que el visitante vacíe sus bolsillos, misión en la que colaborarán los 21 comercios de souvenirs, ambientados de acuerdo a su zona de influencia.

Superada la fase de construcción, los responsables técnicos, empresariales y políticos del parque ya hacen números. Con tres millones de visitantes anuales Terra Mítica será rentable, y en diez años se recuperará la inversión. Esa cifra se espera superar durante la primera temporada, para la que ya se han comprometido entradas con operadores turísticos británicos y alemanes, aun antes de inaugurar, por importe de 4.000 millones de pesetas. El resto lo aportará Benidorm (cuatro millones de turistas anuales), y el personal que el parque sea capaz de atraer desde diversos puntos de España. La campaña de lanzamiento, en junio, será multimillonaria, y en su primera fase dedicada íntegramente al mercado nacional.

La capacidad máxima del recinto se sitúa en las 30.000 personas, aunque los responsables del parque consideran "deseable" que esa asistencia no se registre hasta unos días después de abrir las puertas, "para que el personal se habitúe poco a poco" a la avalancha, en curva ascendente. Por eso, se intentará que la inauguración no coincida con un fin de semana, aunque no se aporta fecha definitiva porque depende de la agenda de Eduardo Zaplana, principal promotor de la obra. Y esa foto no se la pierde el presidente, que para eso, además, controla buena parte de las acciones.

Y seguimos con las cifras. En agosto, con los hoteles, apartamentos, campings y playas de la costa valenciana a rebosar, se espera despachar hasta 600.000 entradas. O lo que es lo mismo, unos 2.000 millones de ingresos en taquilla. El negocio parece asegurado.

El potencial humano que dará cobertura a servicios y atracciones está en fase de formación. Desde cocineros a limpiadores, animadores, informadores, figurantes y cuadro técnico. Una plantilla de 2.000 trabajadores que mantendrá abierto el parque de nueve de la mañana a doce de la noche durante el verano, con jornadas reducidas el resto del año.

"Vendemos ocio, sueños, y el personal debe ser el primero en transmitir energía vital". Todo el personal tiene grabado a fuego un mensaje en el cerebro: el trato al visitante, siempre exquisito. Cada trabajador lucirá en la solapa las banderas de los países cuyos idiomas domina, y se ha decidido dotar al complejo de una señalética en cinco idiomas: castellano, valenciano, inglés, alemán y francés.

Enigmas, ritos, mitos y leyendas de las culturas del Mediterráneo componen la nueva oferta lúdica. Atracciones de vértigo y velocidad, recorridos mecanizados por escenas históricas o mitológicas y espectáculos multitudinarios. Todo ello, en el actual marco de un secarral mediterráneo. La vegetación y el agua lo convertirán en oasis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de mayo de 2000

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