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Los 'veteranos' de Zimbabue reconocen que ocupan granjas para amedrentar a la oposición

Es de noche. Los veteranos están en algún lugar próximo dentro de la granja Rumani, unos 40 kilómetros al noreste de Harare. Por el camino se escuchan cánticos de la vecina Chibvuti, otra finca ocupada. Son más de 200 veteranos y están armados con palos y machetes. Smart, de 27 años, procede de Goromozi, a una treintena de kilómetros de Rumani y Chibvuti, y ejerce de líder de los invasores de Rumani. No ha participado en guerra alguna, pero es el jefe local de las juventudes de la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU-PF), el partido de Robert Mugabe.

"No somos violentos. Venimos a negociar con el propietario de esta granja la cantidad de terreno que nos entregará para que el pueblo pueda trabajar". Smart no explica qué sucede cuando ese dueño rechaza la invitación de compartir. En la finca Atlanta, algo más al norte, los veteranos destruyeron todo -cosecha, viviendas...- y tirotearon a los animales. Es una imagen que ha prendido en el país. La gente de Smart, un variopinto grupo de jóvenes, hombres en la cuarentena, ancianos y mujeres con bebé a cuestas, lleva ocupadas tres fincas en una semana. "En algunos casos, los dueños organizan a sus trabajadores para atacarnos, y es cuando las cosas se ponen feas. Esos trabajadores que nos hostilizan pertenecen al MCD . Detesto al MCD; sólo buscan la destrucción de Zimbabue. No puede haber más partido que el ZANU-PF". Mientras que Smart desgrana ese discurso, sus hombres asienten y lanzan proclamas partidarias. "Morgan Tsvangirai no es un camarada; no hizo la guerra", dice Smart. ¿Y Margaret Dongo? -contraria a Mugabe y que perteneció a la guerrilla-, pregunto. "Ella está loca. El ZANU-PF es el padre de la patria y sólo puede existir un partido".

El objetivo de los veteranos, una apiñadura de viejos guerrilleros y militantes del ZANU-PF, no es tanto la tierra como la intimidación del votante del MCD. "Cuando llego a una granja", asegura Smart, "pregunto a los trabajadores si tienen camisetas del MCD, pido que me las entreguen y les doy las del ZANU-PF. Es una ofensa que el MCD vaya a las granjas a hacer propaganda. Si me topara con un trabajador militante del MCD, lo mataría".

La gente de Smart nos conduce a una zona más alejada de Rumani, cerca de un lago donde se refleja una luna naranja. Alrededor de tres fogatas se encuentra en cuclillas el resto de la tropa. Las mujeres cocinan arroz y pescado, y los varones entonan el chimunga (cántico de guerra) apoyados por un goma (un tambor de metro y medio). En cuanto cesa el ritmo, Smart adoctrina al grupo. La perorata concluye con eslóganes contrarios a Tsvangirai y favorables a Mugabe, y que los creyentes replican como en una liturgia.

En la primera fogata está Kaifiri, que en shona significa los muertos. Es uno de los pocos que muestran edad de haber participado en la guerra de liberación. "Ésta no es una ocupación política ni tiene que ver con las elecciones. El pueblo necesita tierra para sobrevivir y el camarada Mugabe nos la está dando". A su vera está Chamanguana, que significa futuro; es uno de los que participaron en el violento asalto de la granja Atlanta, propiedad de David Stevens. "El propietario de Atlanta nos recibió con un fusil y efectuó tres disparos al aire. Nos marchamos y regresamos al día siguiente con más hombres. Él había armado a sus trabajadores. Hubo una batalla y tuvimos siete heridos. Al tercer día volvimos con fusiles, pero él ya no estaba. Destruimos todo".

Y en la finca Arizona de David Stevens, el primer blanco asesinado por los veteranos, ¿qué sucedió? "Yo no estuve allí", asegura Futuro, "pero sé que también hubo una gran lucha entre sus trabajadores y nuestra gente. Tuvimos tres muertos . Pero ignoro quién mató a Stevens". Mucha de esta gente no sabe leer ni escribir (Zimbabue posee el mayor índice de analfabetismo de toda África, por encima del 80%); su alimento son las tres radios que controla el Gobierno; la televisión del ZANU-PF; el Herald, diario que en Harare llaman irónicamente Pravda, y el chivuku, una cerveza local. Parecen muy convencidos de que el presidente Mugabe les va a entregar tierra y que todos los males del país proceden del blanco.

Hace frío; la cena, escasa, resulta sabrosa. Los veteranos de Rumani se arremolinan en torno a los fuegos, danzando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de abril de 2000

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