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domingo, 16 de abril de 2000
Entrevista:

Saud Bin Faisal Bin Abdulaziz Ministro de Exteriores de Arabia Saudí "No vamos a cambiar la ley islámica"

El malestar saudí por las denuncias de Amnistía Internacional sobre la violación de derechos humanos en el reino aún persiste. Pero el príncipe Saud tiene las ideas claras. "No vamos a cambiar nuestras leyes", asegura mientras defiende la validez de la ley islámica.

ENVIADA ESPECIAL La cita con el príncipe Saud Bin Faisal Bin Abdulaziz al Saud es en Yedda, en la costa del mar Rojo, a donde la corte saudí se trasladó a finales de marzo para pasar los meses de más calor. Educado en Suiza y EEUU (estudió Economía en Princeton) y a punto de cumplir 60 años, Saud está al frente de la diplomacia saudí desde octubre de 1975, unos meses después del asesinato de su padre, el rey Faisal.

Pregunta. Su país ha intentado obtener la dirección de la Unesco en el último relevo, está negociando su entrada en la Organización Mundial de Comercio, ha anunciado que se va a abrir al turismo... Da la sensación de que quiere participar de forma más activa en la escena internacional. Sin embargo, algunos problemas como la situación de los derechos humanos recientemente denunciada por Amnistía Internacional parecen frenar ese objetivo. ¿Hasta dónde está dispuesto su Gobierno a realizar cambios para lograrlo?

Respuesta. No creo que nuestro papel haya cambiado, quizás sea ahora más aparente que en el pasado. Siempre hay aspectos negativos y positivos en cómo se percibe la actuación de cualquier país, pero sinceramente creemos que las denuncias realizadas por Amnistía Internacional sobre Arabia Saudí son no solamente engañosas, sino basadas en información errónea. Nos ha sorprendido que Arabia Saudí se haya convertido este año en el objetivo y que Amnistía Internacional nos califique de los "mayores violadores" de los derechos humanos sin motivo para ello. No creemos que violemos los derechos humanos, a no ser que se considere que esos derechos sólo pueden ser garantizados en Arabia Saudí si cambiamos nuestras leyes. Y a este respecto, lo siento, pero no vamos a cambiar nuestras leyes. Nuestras leyes son, además, de aplicación universal: la sharía, la ley islámica, representa no sólo las creencias de los ciudadanos saudíes, sino de 1.200 millones de creyentes. Si se trata de aplicar estándares universales, ¿cómo se puede asumir que una ley seguida por 1.200 millones de personas no es de aplicación universal? Hemos invitado a Naciones Unidas para que venga y juzgue por sí misma cómo tratamos los derechos humanos y nuestro sistema legal.

P. ¿Permitirán también la visita de Amnistía Internacional como ha pedido esta organización?

R. Si Amnistía Internacional estuviera buscando la verdad, e informando honestamente de la verdad, lo consideraríamos. Pero mientras sigan basándose en información errónea, desestimando nuestras respuestas, teniendo prejuicios y concentrándose en acusar a un país en vez de en la aplicación general de los estándares para todos de la misma forma, carece de sentido.

P. Tras la guerra con Irak (1991), ¿qué pasos han dado para mejorar la seguridad y la estabilidad de la zona?

R. Intentamos trabajar con el mundo árabe, con la Liga Árabe, para poner en práctica sus decisiones sobre seguridad y rechazo de la agresión. Estamos trabajando a través de Naciones Unidas para implementar las resoluciones del Consejo de Seguridad. También en la región del Golfo actuamos de forma colectiva para incrementar la cooperación en materia de seguridad. Se trata de una política que viene de atrás. No empezó hace nueve años, ya estaba en práctica antes de la guerra.

P. ¿Y sus relaciones con Estados Unidos? ¿Han cambiado después de aquello?

R. Tenemos buenas relaciones con Estados Unidos. En la guerra del Golfo respondieron a la llamada internacional para hacer frente a la agresión y ésa fue también la postura adoptada por otros países. EEUU, como el mayor país del mundo, contribuyó más y le estamos agradecidos, pero no lo estamos menos al resto. También España, por supuesto, tuvo un papel directo e indirecto frente a la agresión.

P. Entonces la presencia de tropas extranjeras en su país fue objeto de una gran polémica interna, ¿se ha resuelto ya?

R. Usted sabe que las tropas vinieron con un propósito, que fue repeler la agresión a Kuwait. Hicieron el trabajo y se fueron.

P. Pero aún quedan soldados extranjeros...

R. Las tropas que quedan están aquí para hacer respetar la zona de vuelos prohibidos [sobre Irak] y son parte de los acuerdos de seguridad de Naciones Unidas. Son una continuación de la guerra del Golfo. Y me gustaría añadir que si Irak hubiera cooperado con Naciones Unidas, aceptado las inspecciones y cumplido sus exigencias, todos estos problemas se hubieran acabado y el pueblo iraquí podría estar viviendo no sólo en paz, sino también en una buena situación económica.

P. ¿Cree que podrán restablecer relaciones con Irak en el futuro?

R. La normalización con Irak es un objetivo, pero en la medida en que el Gobierno iraquí no ponga en práctica las resoluciones de Naciones Unidas es muy difícil ver cómo puede llevarse a cabo.

P. Otro de los asuntos que puso sobre el tapete la guerra del Golfo fue la necesidad de democratización en la zona y hasta ahora...

R. La necesidad ¿por parte de quién?

P. De los países de la región.

R. Para nosotros, el desarrollo de las instituciones en Arabia Saudí tiene en cuenta las exigencias de la gente de Arabia Saudí. No es la discusión internacional la que va a obligarnos al desarrollo de nuestras instituciones. Nos estamos moviendo hacia la participación de los ciudadanos saudíes en los asuntos políticos del país de forma que se mantenga la cohesión de la sociedad. Creemos que es peligroso que la comunidad internacional interfiera en los asuntos internos de otros países.

P. ¿Por qué razón?

R. No quiero citar nombres, pero las condiciones que, sobre todo los países occidentales, están imponiendo en muchos países en vías de desarrollo, en aras de un desarrollo institucional que les es extraño, ha provocado guerras civiles. España se encontró en la misma situación que muchos países y durante muchos años recibió presiones para democratizarse, pero mantuvo su camino, evolucionó de acuerdo con los deseos de su gente y finalmente desarrolló sus instituciones como quisieron los españoles, y no porque alguien le forzara a hacerlo.

P. ¿Será posible mantener sus costumbres y tradiciones con el proceso de modernización?

R. No son mutuamente contradictorios. ¿Qué es la modernización? Proveemos a la gente de sanidad, educación y servicios sociales sin ningún coste. Si se refiere a instituciones políticas, es algo que la gente del país tiene que desarrollar por sí misma. No podemos calcar a otros países. Si la modernización se impone en contra de las creencias de los ciudadanos, el Gobierno se extralimita en su deber.

P. ¿Cómo evalúa el actual estado del proceso de paz en Oriente Próximo?

R. Creo que España puede sentirse orgullosa por haber lanzado el proceso en la Conferencia de Madrid, donde se consagró la fórmula de paz a cambio de territorios. Y sobre esa fórmula los países árabes han adoptado la búsqueda de la paz como una decisión irrevocable y hemos negociado, creemos, con honestidad. Pero desde el principio ha habido altibajos e Israel ha prevaricado, obstruido, retrasado o cambiado de opinión, intentado de alguna forma destruir el Acuerdo de Madrid. Ahora todo está en el aire. Hay un bloqueo en todos los niveles, y aunque el presidente de EEUU está intentando seriamente [sacar adelante el proceso], si Israel continúa entorpeciendo va a ser difícil avanzar.

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