LANZADORES Costes y tecnologías Japón atraviesa su peor crisis espacial

Hasta hace poco, el mayor reto para el programa espacial japonés era convertir los sueños en beneficios en este competitivo sector. Ahora, tras varios lanzamientos fallidos en pocos meses que dan a encargados de vigilar los costes una buena excusa para retirar fondos, hay partes del programa que luchan por sobrevivir. Tal vez es peor la humillación: Japón puede estar siendo adelantada por China, que ha lanzado ya un cohete capaz de poner en órbita a una persona.

"Tenemos que superar este periodo difícil o no hay ningún futuro. No importa cómo sea de duro, tenemos que perseverar", ha dicho Yoshihisa Tsuda, presidente de Rocket System Corporation, la única compañía de lanzamientos comerciales japonesa.El pasado mes de febrero, un cohete nipón M-5, antes el lanzador más seguro de ese país, falló la puesta en órbita de un satélite. En noviembre se perdió otro satélite debido a la trayectoria incorrecta del cochete, un H-2. Otro fallo de puesta en órbita se registró en 1998, también con un H-2.

En medio de la mala racha de los últimos tiempos para el programa espacial nipón, un informe oficial ha sacado a la luz cifras alarmantes sobre los altísimos costes de la Agencia Nacional de Desarrollo Espacial de Japón (NASDA) y las pérdidas acumuladas.

El informe, presentado por la Agencia de Ciencia y Tecnología, responsabiliza al alto coste de desarrollo de los cohetes japoneses como causa mayor del déficit acumulado y pide una reorganización del programa, una perspectiva de eficacia desde el punto de vista coste-beneficios en su desarrollo y un recorte de los presupuestos. Además, critica la mala gestión y la burocracia del programa, con responsabilidades divididas entre lo menos cinco ministerios y dos programas separados de desarrollos de cohetes: el de NASDA y el del Instituto de Ciencias Espaciales y Astronáuticas (ISAS), cada una con su propio programa de desarrollo de cohetes y base de lanzamiento.

La NASDA también ha pagado un altísimo precio, sin precedentes, por los errores cometidos en un sector internacional muy competitivo. El buque insignia de la flota espacial japonesa, el cohete H-2, cuesta 19.000 millones de yenes (unos 31.000 millones de pesetas), el doble que el Ariane europeo o los cohetes estadounidenses equivalentes. Pero hasta el año pasado el H-2 ha sido inmune a los recortes presupuestarios, pese a varios informes que aconsejaban una reorganización del proyecto.

La paciencia del Gobierno empezó a acabarse en 1999. La primera víctima importante, en agosto del año pasado, fue el desarrollo del cohete J-1, para lanzamientos a órbita baja. Más impactante aún fue la decisión tomada, en diciembre pasado, de abandonar el H-2 y retrasar, al menos un año, el lanzamiento del cohete de siguiente generación H-2A, que debe tener un precio mucho más barato que su predecesor: 8,5 millones de yenes (algo más de 14.000 millones de pesetas). La explicación gubernamental del retraso fue que era preferible tardar más y asegurar que el nuevo lanzador no tendrá problemas.

El presupuesto de NASDA para este año contempla una reducción de unos 10.000 millones de yenes respecto a los 170.000 millones de 1999, la primiera que se produce, según recuerda Yuichi Yamaura, director de la división política de la agencia. Los recortes no afectarán a la participación de Japón en proyectos como la Estación Espacial Internacional. Yamaura reconoce que la NASDA debe mejorar el control de fabricación de los contratistas que hacen partes de los cohetes.

Observadores y expertos coinciden en señalar que la crisis espacial japonesa se debe más a la burocracia y la mala gestión y a la falta de preparación técnica.En los últimos tiempos soplan aires de cooperación entre NASDA e ISAS, aunque los dos programas prefieren ir separados.

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