Mi abuelo
En referencia al artículo publicado en EL PAÍS el pasado día 4 de abril, el cual informa sobre las declaraciones del cardenal de Madrid, Antonio María Rouco, presidente de la Conferencia Episcopal, quien, según parece, desoye las peticiones del Papa en cuanto a reconocer las culpas del pasado, e incluso las pone en tela de juicio, me gustaría precisar:Yo no sé si la Iglesia fue directamente causante de la ruptura de la paz o si también fue víctima, pero lo que ya produce risa es oírle decir precisamente a ellos que sufrieron la peor persecución religiosa del siglo. ¿No le vendría bien al señor Rouco, hacer un repaso a la historia contemporánea? Y tampoco le vendría mal a toda la historia; quizás no hablaría tan alegremente de hechos tan graves como los que ocurrieron. Pero, para ser un poco más explícita, les voy a explicar una historia. Yo tenía un abuelo, al cual no pude conocer porque unos asesinos le llevaron ante un paredón de fusilamiento. Su culpa: ser maestro (de la Generalitat) y ser maestro en un pueblo, Sant Bartomeu del Grau, que parece ser que entre las fuerzas vivas del pueblo no caía demasiado bien. Entre esas fuerzas vivas había un posterior canónigo.
Como ya he dicho, su culpa, ser maestro, no haber disparado una sola bala, tener fe de las dos clases en Dios y en los seres humanos. Señor Rouco: ¿va a ser uno de los que van a ser sometidos a estos procesos de canonización? Para nosotros, su familia -dejó viuda con ocho hijos de corta edad y ahora numerosos nietos-, él sí es un mártir, y es usted quien dice que no merece la pena pedir perdón.
Lo que es cierto, y va por usted, que sólo "se examina ante Dios".-


























































