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Tribuna:

Modelos

Los hay que opinan que Mario Conde ha sido escasamente condenado y los que consideran que diez años es tiempo suficiente para destruir al mito más importante de la cultura del pelotazo. Idealmente se concibe la estancia en la cárcel como un periodo para que el asocial medite y se reinserte, pero Mario Conde tiene tanto dinero que no necesita reinsertarse y la poca o mucha condena que cumpla la va a aprovechar para escribir algo. A mí la condena de Mario Conde me parece irrelevante, inefable, idumea, indígena, indevota, infrarroja, insectívora, cualquier palabra que empiece por i, sea isomorfa o isoglosa.Tengo sobre la mesa la nota de una amiga mía, madre de joven okupa sobre la que gravita una petición de condena de seis años de cárcel y selecciono la nota y el caso entre muchos otros que me llegan, normalmente de padres alarmados ante la contundencia y rapidez justiciera con la que el sistema se echa encima de los nuevos contestarios. Estos jóvenes insumisos son los que en su día desoyeron la propaganda que les proponía a Mario Conde como modelo de conducta y prefirieron inventariar las víctimas del capitalismo especulativo y dar testimonio de un rechazo. Propaganda condal que salía en TVE.

Observo que los medios de comunicación más centrados aprovechan la sentencia para pregonar que la justicia es la misma para todos, en primera página, a poca distancia de esas gacetillas donde aparecen las condenas de decenas de años a pequeños estafadores o camellos con abogados de oficio y sin coroneles del Cesid en el vecindario. Lamentan que la justicia española haya sido tan lenta con Mario Conde, pero no sacan consecuencias de que sea tan rápida cuando condena a los nuevos contestatarios, como si el sistema hubiera aprendido a lo largo del siglo que no hay que dejar que el antagonista tome posiciones, que es mejor cortar el árbol torcido nada más nacer. No vaya a crecer y tengamos que recurrir otra vez al napalm.

Caído el modelo Conde, los jóvenes deben acogerse al modelo Villalonga para no perder la esperanza en llegar a ricos cuanto antes, evitando así, en la vejez, ser una carga para la Seguridad Social. Necesitan una ONG adecuada. Empresarios Sin Fronteras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de abril de 2000