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A la cárcel por un penalti Un comisario uruguayo ingresa en prisión por detener a un árbitro que pitó una pena máxima

Pedro Almodóvar debería poner un ojo en el fútbol uruguayo, donde la realidad supera la ficción. Al menos lo acontecido la pasada semana. Era miércoles, y en la provincia de Treinta y Tres -al este del país- se medían el equipo sub17 local y el representante del departamento de Lavalleja, 120 kilómetros al norte de Montevideo. No es que el choque despertara gran expectación... A priori. Pero visto lo sucedido hasta la CNN habrá lamentado su ausencia.El Treinta y Tres-Lavalleja resultó un partido duro, con varios expulsados, que terminó 1-0 a favor de los locales, con un gol de penalti en el último minuto. Concluido el encuentro, el árbitro y los dos jueces de línea emprendieron camino de casa en el coche particular de uno de ellos. Guiños del destino: el mapa les jugó una mala pasada. Allá iban ellos, en su auto, la mar de tranquilos, cuando al cruzar de madrugada la ciudad de José Batlle y Ordóñez un comisario de policía les dio el alto. Ni siquiera tuvo que pedirles la documentación. El comisario se había quedado con su cara: casualidades de la vida, en sus ratos de ocio, dicho policía se ocupa de presidir la federación de fútbol de Lavalleja.

El poli pidió refuerzos y escoltó a los colegiados camino de la comisaría de Pirarajá. ¡Estaban detenidos! ¿Delito oficial? Haber pitado un penalti inexistente. El comisario-presidente interrogó a los presuntos delincuentes durante más de una hora. El interrogatorio tuvo dos partes: primero tuvieron que justificar por qué señalaron el penalti; más tarde recibieron un curso acelerado de cómo se debe arbitrar un partido de juveniles.

Dichosamente para los trencillas, nadie presentó cargos en su contra y fueron puestos en libertad. Enfilaron a toda pastilla hacia su casa, en Maldonado, junto a Punta del Este. Apenas estuvieron en territorio amigo, aturdidos aún por el tembleque, presentaron una denuncia contra el comisario-presidente y sus colegas. El pasado domingo, tras tomar declaración a los tres colegiados y al comisario, el juez Alejandro Recarey ordenó el ingreso en prisión del agente, acusado de "violencia privada".

Ahora, en prisión, quizá tenga tiempo suficiente para interrogarse sobre cómo arbitrar partidos de juveniles sin que a uno le detengan por el flagrante delito de pitar un penalti dudoso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de febrero de 2000