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Tribuna:

Comunistas

La melancolía es una antigua y sabia enfermedad capaz de convivir con nosotros, de autodestruirnos lentamente, y la más poética de las melancolías es aquella que nos provoca complejo de culpa por no haber sabido ser felices y lúcidos o no haber hecho felices y lúcidos a los demás. Observo que don José María Aznar está melancólico, especialmente cuando habla de la coalición de socialistas y comunistas porque semanas atrás jamás habría llamado comunistas a los miembros de IU y es como si, de pronto, se le hubiera caído la venda de los ojos y, cual muñeco de guiñol, demandara: Ana, ¿tú te habías dado cuenta de que Julio era comunista? ¡Qué engañado me tenía! Yo le consideraba sólo un historicista cordobés ligero de equipaje.Grave error de mirada, ya que los comunistas, como los curas o los atletas sexuales, nunca dejan de ser lo que son, por más incluso que se disfracen o hasta renieguen, porque, dijo Confucio, todo aquel que militó alguna vez en la verdad jamás será abandonado del todo por ella y puede esperar siempre, siempre, esa última iluminación que te invita a salir de las tinieblas transitorias. Debería comprenderlo José Mª Aznar mejor que nadie porque él procede de una verdad más antigua y absoluta que la de los comunistas, esa verdad que ha iluminado la sociedad humana desde los tiempos de la horda y que descansa en la razón providencialista, mágicamente revelada a la mayoría natural armada. Los asesores de cámara del señor presidente, el sagaz Arriola o el taimado Rodríguez, deberían aconsejarle que pronunciara la palabra comunista sin despecho, como si fuera una constatación ideológica o sociológica y no el grito desgarrado del doncel violado por la evidencia del engaño.

O IU se ha llenado de comunistas desde que la dirige Paco Frutos o es que Anguita ocultó sus inclinaciones a Aznar, que siempre pudo enterarse de la verdadera naturaleza del íncubo por la lectura de Abc, entre libro y libro de poemas. Felipe González leía los periódicos y estaba al día. No creo que Anguita quisiera engañar a Aznar y más bien atribuyo tanta ignorancia a la candidez de don José María, que va por la vida y por la historia como si las hubiera diseñado Walt Disney.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de febrero de 2000