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LA LUCHA CONTRA ETA

Más de un millón de personas dicen a ETA que con el terror y la coacción no conseguirá ningún objetivo

Los centenares de miles de ciudadanos que inundaron ayer las principales calles de Madrid para expresar su repulsa por el último atentado de ETA convirtieron en un clamor el grito "¡basta ya!" al terrorismo. En el manifiesto que resumió el sentido de la inmensa movilización popular se puso de relieve que "los terroristas deben perder la esperanza de conseguir algo, tanto personal como políticamente", con su violencia. El documento, rubricado con aplausos, subrayó que se convierten en cómplices de los asesinatos quienes los lamentan "pero se niegan a admitir que no hay excusa alguna" que los justifique. El Papa expresó, en castellano, su condena del atentado ante miles de feligreses en la plaza de San Pedro. Y el Gobierno advirtió de que si ETA sigue cometiendo atentados, la sociedad será más dura el día que la banda decida dejar las armas.

Más de un millón de personas -1.100.000, según la Delegación del Gobierno- se manifestaron ayer en Madrid para condenar la violencia de ETA y exigir que no cause ni un solo muerto más. La repulsa por el asesinato del teniente coronel Pedro Antonio Blanco llevó a la calle a una marea humana que durante tres horas recorrió las calles principales de la capital española hasta desembocar en la Puerta del Sol. La afluencia desbordó las previsiones e hizo que mucho después de que fuese leído en la céntrica plaza el manifiesto que puso punto final a la manifestación decenas de miles de manifestantes continuasen llegando, cuando ya se habían retirado los principales representantes políticos.El presidente del Gobierno, José María Aznar, encabezó la marcha junto a los representantes de casi todos los partidos con presencia en el Parlamento, con la significativa ausencia del PNV y de Eusko Alkartasuna.

La cabecera de la manifestación, que portaba una pancarta con el lema "Por la paz y la libertad: ¡Terrorismo no!", tenía un fuerte simbolismo de unidad y pluralismo. En el centro se encontraba el presidente del Gobierno, José María Aznar. Junto a él, los máximos representantes de las tres principales fuerzas políticas: Javier Arenas (PP), Joaquín Almunia (PSOE) y Francisco Frutos (IU). Cerca de Aznar, los otros tres presidentes de la etapa democrática: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo y Felipe González. Les acompañaban en primera fila el vicepresidente segundo del Gobierno, Rodrigo Rato; el presidente del Congreso, Federico Trillo, y la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, así como representantes de CiU (Manel Silva), de Coalición Canaria (Luis Mardones) y de Nueva Izquierda (Diego López Garrido). En la cabecera también se hallaban el presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón; el alcalde de la capital, José María Álvarez del Manzano; el secretario regional de los socialistas madrileños, Jaime Lissavetzky, y el dirigente de IU Ángel Pérez. Los dos grandes sindicatos, UGT y CCOO, estuvieron representados por sus respectivos secretarios generales, Cándido Méndez y Antonio Gutiérrez. Y la patronal CEOE, por José María Cuevas. Estuvieron en primera línea la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Sonsoles Álvarez de Toledo, y el portavoz del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra. Y también acudieron el exjefe de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo, personalidades del mundo de la cultura como Jon Juaristi, José Sacristán y Pastora Vega, y el periodista Luis del Olmo, entre otros.

El recorrido oficial comenzó, a las 12 en punto de la mañana, en la calle de Alcalá a la altura de la calle Barquillo, a menos de 1.000 metros de la Puerta del Sol. La marcha de los principales representantes institucionales, en absoluto silencio, duró menos de media hora. Al llegar a Sol, los portadores de la pancarta subieron a una tarima desde la que el actor vasco Imanol Arias leyó un contundente manifiesto contra la violencia terrorista. En él se advirtió a ETA de que ha de saber que con su violencia, con asesinatos, no logrará ningún objetivo. Sólo las personas que habían conseguido llegar hasta la plaza madrileña en ese momento -aproximadamente un 10% del total de la manifestación- pudieron escuchar la lectura, vehemente, que hizo del comunicado Imanol Arias. Fue interrumpido con aplausos, especialmente cuando leyó el llamamiento a aislar al mundo de ETA y de HB.

Imanol Arias, que tuvo que sustituir al filósofo Fernando Savater, afónico tras enfrentarse con simpatizantes de HB durante una manifestación el pasado viernes en San Sebastián, exigió firmeza y unidad a todos los partidos, ya que, según el comunicado, "las divergencias generan la sensación de impunidad que alimenta a los violentos". Uno de los ejes centrales del manifiesto se resumía en esta frase: "Los ciudadanos [queremos] expresar el profundo asco y el desprecio que nos produce la defensa de ideas legítimas a través del terror". También fue rubricado por los aplausos la mención a que la sociedad española "defiende el derecho a la vida (...). Hemos renunciado democráticamente a utilizar la pena de muerte".

Con la frase en Euskera "ETA kanpora [fuera]" y una fuerte ovación acabó la parte oficial de la manifestación. A partir de este momento comenzaron a llegar cientos de miles de personas que, desde la masiva concentración en el Paseo de la Castellana, conseguían lentamente alcanzar la Puerta del Sol.

Ninguno de ellos pudo oír el manifiesto leído por Imanol Arias, ya que la megafonía sólo alcanzó a las zonas más próximas a la Puerta del Sol. Quienes fueron llegando a esa plaza a partir de ese momento no cesaron de corear consignas contras la violencia terrorista, algunas utilizadas en otras manifestaciones similares y otras acuñadas para la ocasión. La más emblemática, y la más repetida, era "ETA, escucha, así es como se lucha". También hubo insultos dirigidos contra la banda terrorista y HB, y otros, más minoritarios, contra el presidente del PNV, Xabier Arzalluz. La ausencia de este partido en la marcha fue especialmente llamativa si se tiene en cuenta que en la anterior gran manifestación contra ETA en Madrid, el 14 de julio de 1997, convocada tras el asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, estuvieron presentes tanto el lehendakari José Antonio Ardanza como el portavoz parlamentario Iñaki Anasagasti y el entonces consejero de Interior, Juan María Atutxa.

Anasagasti calificó ayer de "injustas" las críticas recibidas por la inasistencia de su partido a la manifestación de Madrid y, tras recordar que el PNV ha participado en varios actos contra ETA en Euskadi a los que no acudió ningún dirigente nacional de otros partidos, dijo que a él no le "apetecía" manifestarse en la capital después de escuchar "los improperios injustos" que está recibiendo el PNV. Sí estuvo entre los manifestantes Alfonso Basagoiti, presidente del Círculo de Empresarios Vascos.

Recuerdo de julio de 1997

Excepto la ausencia del PNV, todo recordaba mucho al 14 de julio de 1997, cuando millones de personas clamaron en toda España por el fin de la violencia etarra. "Yo también viví aquel momento, cuando la muerte del joven concejal, y estuve tan conmovida como hoy. ETA tiene que parar", clamaba una asistente.

La manifestación que habían convocado las fuerzas políticas, sociales y sindicales estaba fijada para las 12.00 desde la plaza de Colón hasta la Puerta del Sol. Pero mucho antes, casi desde las once de la mañana comenzó un largo e interminable peregrinar de personas que querían participar en la marcha. Había familias enteras, jóvenes, niños y ancianos.

En una fría mañana de domingo y bajo un sol brillante, los madrileños salieron a la calle para gritar "ETA no". Algunas personas portaban pegatinas que decían "ETA no, vascos sí", "Basta ya" o folios con el emblema de las manos blancas y pancartas con frases como "Terrorismo=fascismo, todos somos vascos".

Mientras la cabecera llegaba y se leía el manifiesto, cientos de miles de personas esperaban en Colón para iniciar el recorrido. Cuando ya había concluido oficialmente la manifestación en la Puerta del Sol parecía que empezaba otra. La gente no cesaba de llegar a La Castellana. "Este era un compromiso ineludible", señaló un joven.La calle estaba colapsada.

"¿Y dónde está la cabecera?" se preguntaban los que, a las 13.00, cuando los actos oficiales ya habían concluido, se dirigían hacia Sol. Ignoraban no sólo que se había disuelto ya, sino que también se había leído el comunicado. Pedro Núñez Morgades, delegado del Gobierno en Madrid, se disculpó por este fallo organizativo, que achacó a la escasez de tiempo con que se había preparado la marcha.

Tampoco eso importó mucho.Miles de personas con las manos en alto, canciones, consignas, gritos y demostraciones de rechazo eran constantes. Los más jóvenes también recuperaron, una vez más, la cancion Libertad sin ira, del grupo Jarcha. Frases como "Aquí estamos, nosotros no matamos" también se repetían una y otra vez. "Ya es hora de que entiendan que ésta no es la solución", comentaba un hombre que llegó a la manifestación acompañado por su esposa y su pequeña hija. Unos minutos después, también él se unió a las demostraciones de rechazo: "Asesinos, asesinos", gritaban miles de asistentes.

A la manifestación acudieron también representantes de la Asociación de vecinos Virgen del Puerto, el barrio en el que fue asesinado el teniente coronel Blanco. Llevaban una pancarta que decía: "La solución no es derramar sangre inocente. Basta ya de muertos". La federación madrileña de Asociaciones Gitanas también quiso dejar constancia de su repulsa al terrorismo. Dirigentes de la Asociación de Víctimas del Terrorismo portaban dos pancartas en las que se leía: "Políticos, exigimos el fin de ETA" y "¿Y ahora qué, sentados a esperar otro muerto?".

Muy cerca de allí una pancarta exhibía la fotografía de la salida de la cárcel del dirigente etarra Josu Ternera, acompañado de sus dos hijos. En la parte inferior aparecían las fotografías de dos niños pequeños hijos de víctimas de ETA con la leyenda "Estos niños no ven a su padre".

El único incidente que se registró durante la manifestación fue el enfrentamiento verbal entre un grupo de ultras que pedían la pena de muerte. Las consignas de esos jóvenes, pertenecientes a la Alianza por la Unidad Nacional, el partido liderado por Ricardo Sáenz de Ynestrillas, fueron respondidas por un grupo de ciudadanos que les gritó: "ETA no, pero fascistas tampoco". La policía detuvo a los ultras, aunque luego fueron puestos en libertad.

El desfilar de personas prosiguió hasta las tres de la tarde. A esa hora despejaron la Puerta del Sol los últimos manifestantes. "Ojalá que no tengamos que volver aquí", clamaba un asistente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de enero de 2000