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Cartas al director

Dos modelos

Estimulante lectura en paralelo la de los artículos de Fukuyama y Birnbaum. Dos modelos del mundo, dos bocetos del próximo siglo, enfrentados. Lo importante es precisamente su reseña, porque ésta evidencia la existencia de criterios dados por desaparecidos.La persistente insistencia de los "globalizadores" de que el mundo sólo es como es resulta molesta, aunque sólo sea por el grado de injusticia que acarrea. Fukuyama, el jovial profeta del fin de la historia, se irrita al interpretar los síntomas de Seattle. Regaña sin pudor a los "nostálgicos de la radicalidad", a quienes considera absolutamente desfasados. El mundo actual es tan progresista, por naturaleza, que no necesita de la crítica, parece decirnos. Ésta es, quizá, la más interesante constatación de un punto de vista que hoy se ve a sí mismo como único.

Los intelectuales neoliberales tienen tan satisfecha su mirada del Otro que parecen incapaces de aceptar no sólo los errores, sino la existencia de formas de pensamiento opuestas a las suyas. Consideran que el mundo va tan bien que no les caben las quejas en su económica cabeza.

Esta obstinación en que no hay más que una razón (la que les sustenta, claro) es lo que más miedo nos da de ellos. Cada vez que abren la boca, sus maximalismos nos aplastan. Rozando en ocasiones los principios del totalitarismo, expresan su malestar con veladas amenazas. No cabe duda alguna ya de que tanto el estalinismo como el nazismo pudieron sostenerse gracias a sus cómplices, los cuales, una vez atrapados, negaron cínicamente su participación en los hechos. Por suerte, en un sistema democrático, están permitidas las posturas heterodoxas. Las amenazas, tan caras a los apocalípticos, pueden y deben matizarse. Tenemos derecho, al menos, a comprobar que la prepotencia económica va asociada a un pensamiento prepotente. Y tenemos derecho a ponerlo en evidencia.

Por otro lado, la izquierda actual no debería seguir comportándose de forma tan inocente. En Seattle no ha fracasado la economía de mercado. Sencillamente, les han metido el dedo en un ojo. Y no se lo esperaban.- .

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