Ramón Lobo refleja en un libro los sentimientos del corresponsal de guerra

¿Qué pasa cuando un reportero de guerra regresa a casa después de presenciar atrocidades de todo tipo? ¿Cómo reacciona un periodista que tiene que informar sobre el desarrollo de un conflicto armado ante seres indefensos que le piden ayuda? Éstas son algunas preguntas que se hallan en el origen del libro El héroe inexistente (Aguilar), del periodista Ramón Lobo (Venezuela, 1955), que ayer presentó en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. "Cuando vuelves de un conflicto y te preguntan cómo ha ido, respondes con cuatro evasivas. Cuesta definir los sentimientos, hay que limpiarse de voces, fantasmas. De aquí el motivo de escribir el libro", explicó Lobo.Se trata, pues, de un "libro de sentimientos", una especie de "terapia" que resume en algo más de 300 páginas -que incluyen también fotografías de Gervasio Sánchez- siete años de trabajo como enviado especial de EL PAÍS en distintos frentes. Serbia, Bosnia, Chechenia, Irak, Haití, Sierra Leona, Angola y Guinea son algunos de ellos. Sin embargo, las intenciones de Lobo no son explicar las claves de cada uno de estos conflictos: "Para esto ya están los historiadores". Como recordó el profesor Xavier Giró, El héroe inexistente habla de "la maduración personal y humana del periodista". Lobo afirmó que su libro es especialmente recomendable para desmitificar "la figura romántica del corresponsal de guerra".

En opinion de Lobo, el valor del periodismo radica en "estar ahí": "Si no, el conflicto no existe". A modo de ejemplo habló de la "presencia masiva" de periodistas en la ex Yugoslavia durante más de cuatro años. Es mucho tiempo, pero eso consiguió, a su juicio, "que finalmente se produjera la intervención de la OTAN". No defiende la conversión de los escenarios de la guerra en "platós de televisión", pero está convencido de que la presencia en un conflicto de los canales internacionales de noticias, del tipo de CNN, ayuda a que los responsables de los periódicos se animen a enviar a sus redactores a un sitio determinado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 15 de diciembre de 1999.

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