Un arte nacido de la persecución

Distintas leyes y edictos contra los gitanos concluyeron en persecuciones en Europa a partir del siglo XVI. Los nazis pusieron en la II Guerra Mundial un siniestro colofón a siglos de acoso y hostigamiento con el exterminio de la mayoría del medio millón largo de gitanos que vivían en la Europa del Este. Antes hubo episodios sangrientos que, sin llegar a la locura nazi, dejaron también un poso amargo. La última gran persecución contra esta etnia en España se produjo en 1749. Esta represión fue el germen de lo que hoy se conoce como mundo flamenco, según un libro que saldrá a la luz próximamente. La prisión general de los gitanos y los orígenes de lo flamenco, de Antonio Zoido, será publicado en Portada Editorial, en Sevilla.La prisión general puso el punto final a un plan organizado por el gobierno ilustrado del rey Fernando VI. Una operación militar culminó en los dos últimos días del mes de julio de 1749 con la prisión de casi todos los gitanos de España. La orden llegó a los corregidores con la máxima discreción y puntualidad, de manera que el plan se materializara rápidamente. La operación pudo llevarse a cabo con un relativo éxito porque los gitanos habían sido concentrados en 75 ciudades en años anteriores. La mayoría de los gitanos debieron de pensar que aquél era uno más de los recuentos y traslados a los que, desde principios del siglo XVIII, los tenían acostumbrados las autoridades. Por ello, apenas se resistieron.

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La persecución se inició con una pragmática en 1717 que obligaba a concentrarse a todos los gitanos que había en España (el 75% de ellos eran andaluces) en 40 ciudades. En 1745, se amplió esta medida a una treintena más de ciudades. Los gitanos recibieron la puntilla el 30 y el 31 de julio de 1749. Los hombres fueron separados de las mujeres y los niños. Luego los condujeron a los arsenales de los tres departamentos de Marina (Cartagena, San Fernando y Ferrol) cuya construcción comenzaba entonces. Mujeres y niños fueron confinados en distintos establecimientos fabriles y laborales. La prisión general afectó a unas 12.000 personas y duró 16 años.

Los gitanos más asimilados a las costumbres de los payos y que ejercían profesiones más necesarias volvieron a sus hogares a finales de aquel mismo año de 1749. "Hubo protestas de algunos ayuntamientos porque los soldados se llevaron a gitanos con oficios estables", explica Zoido, que es licenciado en Filosofía y Letras. Muchos gitanos trabajaban como herreros; otros se dedicaban a la trata de ganado. Había gitanos cesteros, esquiladores y carniceros. Los oficios relacionados con la astrología y la quiromancia también tenían éxito entre ellos. "Había gitanas hechiceras que hacían bebedizos, pócimas y filtros de amor", recuerda Zoido. El mundo de la danza era asimismo terreno abonado para esta etnia. "Los que todavía se dedicaban a la trashumancia vivían de organizar pequeños espectáculos en los que cantaban o mostraban al mono y al oso... En otras ocasiones, realizaban pequeños hurtos", señala Zoido.

Con todo, la mayoría de los gitanos siguieron confinados varios años. Cientos de gitanos continuaron apresados hasta los comienzos del reinado de Carlos III. Este monarca llegó al poder en 1759. Carlos III derogó con una pragmática la persecución contra esta etnia 16 años después de que la pusiera en marcha Fernando VI. "El olvido que cayó sobre este episodio facilitó que no haya datos exactos sobre el número de muertos. Pero todo indica que debieron de morir en gran número", dice Zoido. "En la travesía que los llevó de Cádiz a Ferrol para construir otro arsenal fallecieron bastantes gitanos. Muchos cayeron enfermos al tener que trabajar en el agua", añade.

Las razones de esta persecución son dos, según Zoido. "Hay una cuestión filosófica. Los ilustrados no comprendían esa vida de fiesta de los gitanos. Los ilustrados creían que la felicidad la da el trabajo", comenta. La segunda razón era de índole mucho más materialista. Las guerras con Inglaterra hicieron necesaria en España la creación de departamentos de Marina y la construcción de arsenales. "Se necesitaba mano de obra gratuita para construir los arsenales. Y se echó mano de los gitanos", agrega Zoido.

Esta etnia era el eslabón más débil de la sociedad y las autoridades se aprovecharon de ello. "Los gitanos siempre han vivido en la desgracia. Creo que han sobrevivido precisamente gracias a su debilidad. Era una gente que no interesaba a nadie en España. Ni siquiera como grupo a exterminar. Cuando el imperio español tenía un enemigo, acababa con él. Esto ocurrió con los moriscos, con los judaizantes, con los protestantes...", dice Zoido. La monarquía ilustrada de Fernando VI escogió a los gitanos para efectuar los trabajos más duros porque constituían el grupo social más débil.

La reacción de los payos ante la prisión general fue desde la generosidad a la vileza. "Hubo payos que escondieron a gitanos. Hubo también ayuntamientos que consiguieron librar a los gitanos de su prisión. Pero se produjeron asimismo delaciones por envidia", relata Zoido. La Iglesia también quedó dividida ante la prisión general. "Hay dos Iglesias. El rey nombraba obispos y cardenales. Éstos apoyaron lógicamente la prisión general. En cambio, los ilustrados fueron contra la masa social de frailes, que dependía de donaciones y limosnas, al igual que contra los gitanos. Esta masa social de frailes se puso de parte de los gitanos", manifiesta.

Carlos III derogó la medida de una forma singular. "Decidió que ya no fuera gitano nadie. De una manera oficial, a los gitanos se les llamó castellanos nuevos", señala Zoido. Carlos III recomendó echar tierra sobre el asunto para que fuera olvidado. La represión que infligieron los ilustrados a los gitanos fue decisiva en la actitud de éstos. "Los gitanos se aliaron entonces con las fuerzas nobiliarias y reaccionarias que combatían la Ilustración", dice Zoido. Esta alianza selló algunas de las bases de lo flamenco.

Precisamente, fue en un periódico reaccionario, El Tío Tremenda, donde se usaron por primera vez los nombres de los palos flamencos. "Una sección de este periódico estaba escrita en dialecto caló, o pseudocaló o de germanía", explica Zoido. "Juan Ignacio González del Castillo, un autor de sainetes fallecido en 1800, habla del flamenco como de un cuchillo fabricado en Flandes que se pone de moda en ese mundo de gitanos que abrazan la causa reaccionaria y que pasan gran parte de su tiempo de juerga", agrega.

"El término flamenco se referirá, pues, a ese sector social que canta y baila, que conserva los romances de la Edad Media, como el de Gerineldos o el del Conde Olinos. Si a esto añadimos que el Romanticismo recupera los romances y leyendas antiguas y los convierte en un resto del pasado que hay que cuidar, vemos cómo lo flamenco adquiere prestigio", agrega. "Posteriormente, llegará el profesionalismo de los artistas flamencos que, en algunos casos, los llevará a convertirse en una especie de héroes", concluye Zoido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 13 de diciembre de 1999.

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