FÚTBOL 14ª jornada de Liga

Lorenzo Sanz se marchó en el descanso

Lorenzo Sanz no presenció el desastre en su totalidad. No resistió la humillación en el Santiago Bernabéu. En el descanso, cuando el marcador ya registraba un 0-3, cuando buena parte del público había cargado parte de su indignación contra los ocupantes del palco, el presidente, con unos dolores insoportables en el estómago según la versión oficial, abandonó el estadio y se fue a su casa. Se perdió lo que vino después: cómo el Zaragoza engordaba su goleada en el segundo tiempo, cómo el Madrid completaba una de sus peores actuaciones, cómo el público madridista se preguntaba a gritos por la ubicación del primer directivo del club -"¿Y el presidente? ¿Y dónde está el presidente? ¿Y el presidente?", corearon con insistencia-, cómo el Bernabéu explotaba de rabia.Lorenzo Sanz estaba en su domicilio, retorciéndose de dolor. Mientras, en el estadio, la confusión en torno a su ausencia fue creciendo. La primera explicación la facilitó el director de relaciones externas del club, Enrique Martín. "No se encontraba bien, tenía un constipado y prefirió irse a los 45 minutos", comentó. Jaime Ussía, en declaraciones al canal Real Madrid TV, facilitó otra versión: "Se sintió indispuesto. Le dolía el estómago y tuvo que ausentarse". Raúl, en conferencia de prensa, contribuyó a generar más confusión en torno a la ausencia. Le comentaron la explicación de Enrique Martín y contestó: "No sé si ha sido un constipado. Creo que ha sufrido una subida de nervios y por eso se ha tenido que ir".

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Finalmente fue Mari Luz Durán, la esposa del propio Lorenzo Sanz, quien, llorando, a dos habitaciones de distancia de su marido, dio la explicación más oficial, según informó la Cadena Ser. "Ahora mismo le están atendiendo los doctores Del Corral y Chamorro", comentó telefónicamente Mari Luz Durán. "En el descanso le dieron espasmos, se quedaba sin respiración. No sé qué le pasa. Puede ser la úlcera que padece, la hernia de hiato". La esposa del presidente también dio su versión sobre los gritos del público: "No vivimos de esto, no tenemos por qué aguantar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 04 de diciembre de 1999.

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