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OCEANOGRAFÍA

El plancton contribuye a regular el clima marino

El plancton marino, el conjunto de organismos microscópicos que viven en la superficie de los océanos, reacciona al calentamiento de la temperatura superficial de las aguas produciendo una mayor emisión de azufre volátil. Esta mayor emisión, por su parte, contribuye a la formación del llamado efecto parasol, el cual impide, en buena medida, que la radiación solar alcance las capas superficiales oceánicas. De este modo, y según se desprende de las investigaciones de Carlos Pedrós y Rafael Simó, del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (CSIC), se configura un "sistema autorregulado", un termostato natural que relaciona el clima con la actividad de los seres vivos.Ésta es la primera ocasión, afirma Simó, en la que se encuentran pruebas sobre la capacidad del plancton para influir en la regulación del clima oceánico. La relación encontrada por los dos científicos catalanes se inscribe en el conjunto de mecanismos de autorregulación que el investigador británico James Lovelock definió en su teoría Gaia en 1987. Según esta teoría, el planeta Tierra actúa como un superorganismo dotado de sistemas que se autorregulan a sí mismos en forma de ciclos cerrados que permiten mantener temperaturas globales estables o, también, un equilibrio entre producción y consumo de materia orgánica. El ciclo del azufre oceánico siempre se había creído que jugaba un papel determinante en la regulación del clima, pero no había sido posible probar cuál era su relación con los organismos vivos.

En verano

Pedrós y Simó han establecido ahora esa relación tras haber comprobado en aguas del Atlántico Norte que el incremento de la temperatura de las aguas superficiales tiene su reflejo en una mayor producción de DMS por parte del plancton. Paradójicamente, esta observación, efectuada durante el verano, coincide con una menor presencia de microorganismos en las capas de agua superficiales. Ello, a juicio de los investigadores, prueba que no es necesaria una gran densidad de plancton para que se dé una mayor productividad.

Una exhaustiva recogida de datos correspondientes a observaciones en aguas del Pacífico y ecuatoriales permitió posteriormente a ambos científicos establecer una fórmula matemática a través de la cual se demostró que el fenómeno era generalizado.

Lo que queda por ver, apuntan Pedrós y Simó en su artículo de Nature, es si ese termostato puede jugar algún papel en la regulación del clima global del planeta. "Las predicciones de calentamiento global", indica Simó, "prevén un calentamiento de las aguas superficiales marinas". Esto podría provocar una mayor producción de azufre que repercutiría en una mayor protección frente a la radiación solar. Visto de este modo, y "aunque se trate de una especulación", matiza, "se amortiguarían los efectos del calentamiento global".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de diciembre de 1999