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Lecciones de solidaridad

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Daniel, un alumno de 6º curso de Jaén, sabe que su vida es muy diferente a la de Rosinha y su familia, una de las que forman el colectivo de "Los sin tierra" de Brasil. Con el resto de compañeros de curso, Daniel aprende que a estas familias les quitaron el terreno del que vivían porque no tenían documentos que acreditasen su propiedad, ya sabe que la salida para muchos fue vivir en las insalubres favelas y se alegra cuando le explican que hay una lucha por conseguir de nuevo la tierra. Se lo explica en el colegio Santo Tomás la profesora María Jesús Veganzones, que utiliza el material escolar de Educación en Valores que llega desde Manos Unidas. Además, se aprovecha la ocasión para explicar geografía, gastronomía o historia.Ésta es una de las experiencias de colaboración entre el mundo educativo y las ONG para concienciar a los niños de los problemas que padecen jóvenes como ellos en distintas partes del mundo. Rubén pide la palabra en clase para reconocer que aquí los niños van al colegio mientras que en Brasil tienen que trabajar "para darles dinero a sus padres, que son muy pobres". Los alumnos de sexto curso pueden ver entre el material escolar un álbum de fotos con Rosinha, su entorno, sus amigos y sus vecinos. Lo primero que perciben al ver las imágenes es que las ropas que visten los niños brasileños no son como las suyas. Nada de chandal ni pantalones de marca. Los niños que viven en el asentamiento de Pip-Nuck, en el estado de Espirito Santo, tienen camisetas viejas y ropas raídas. "No tienen dinero", concluyen.

Para llegar a este argumento han tenido que debatir antes si todos los brasileños son ricos. Algunos lo pensaban, porque la referencia del país era para la mayoría la de los futbolistas que ingresan cifras millonarias en los equipos españoles. "Los niños del asentamiento sueñan con jugar al fútbol, como vosotros", dice en el aula María Jesús Veganzones. Pero pronto rectifica al ver algunas caras. Pide entonces que levanten la mano todos los estudiantes a los que no les guste el fútbol. Se levantan seis manos.

En el material escolar, Rosinha explica que sale temprano de casa para ir al colegio, que empieza a las siete de la mañana para que cuando comience el calor los niños puedan estar de regreso. Allí comen y ayudan en las tareas del campo, el mayor punto de diferencia con los escolares de Jaén.

María Jesús Veganzones dedica varias clases al año a explicar el contenido del material escolar de la ONG. Por la tarde, elige un tema y se debate. Un día se conoce a la familia, otro el idioma, otro el entorno natural, hasta que finaliza el curso.

"No se puede dar una clase magistral a niños de sexto curso, pero sí, poco a poco, se pueden introducir elementos que les hagan comprender que en el mundo existen problemas y las pequeñas soluciones", explica la profesora.

Durante los tres cursos anteriores ha dedicado las clases al tema de los esclavos el siglo XXI, no sólo haciendo referencia a personas que se compran y se venden, sino también "a los que no tienen acceso a la cultura, a la educación, y están a expensas de los demás".

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