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FÚTBOL Liga de Campeones

La UEFA argumenta que sólo el árbitro podía suspender el Hertha-Barça por la niebla

El árbitro manda y si el árbitro decide que el partido se juegue, se juega. Éste es el argumento ofrecido por la Unión Europea de Fútbol Asociación (UEFA) para justificar la celebración del partido entre el Hertha y el Barça (1-1), a pesar de que la espesa niebla que se cernió el martes sobre el estadio olímpico de Berlín impidió que pudiera ser visto ni por las 70.000 personas que llenaron las gradas ni por los telespectadores. La UEFA considera que si el árbitro decidió que la visión que existía sobre el terreno de juego era suficiente, no existían otras razones para suspender el encuentro.

Van Gaal se mostró enormemente molesto tras el partido porque ni siquiera él, desde el banquillo, pudo ver prácticamente nada de cuanto aconteció sobre el césped. "He dicho muchas veces que la Liga de Campeones es un negocio y lo de esta noche es un ejemplo", afirmó el técnico holandés del Barça. Un portavoz de la UEFA salió ayer al paso de las acusaciones de Van Gaal: "Las razones comerciales no influyen. Si el árbitro dice que no se juega, el partido se suspende y punto. Así de tajante". El árbitro ruso Nicolai Levinkov se limitó a rerecurrir a un balón de color naranja durante el segundo tiempo. Pero en ningún momento detuvo el juego ni creyó oportuno consultar al respecto ni con los capitanes ni con los entrenadores de ambos equipos. Los jugadores, por su parte, consideran que la visión que existía sobre el campo era suficiente. El problema es que no existe en el reglamento un factor que obligue a la suspensión del partido. Todo queda a expensas del criterio del árbitro. Consultados algunos árbitros españoles, explican que suele ser tomada como una norma no escrita que cuando la niebla impide la visión de portería a portería sea suspendido el partido.El portero del Barça, Ruud Hesp, explicó ayer que durante algunas fases de la segunda parte, no podía ver lo que sucedía en el área del Hertha. Otros jugadores del Barça como Luis Enrique o Cocu indicaron que la visibilidad era suficiente y que el árbitro actuó de forma correcta al decidir que se disputase el encuentro. Ronald de Boer también estuvo de acuerdo con esta opinión pero admitió que en ocasiones no veía el balón. A modo de ejemplo, el jugador holandés habló de las situaciones en las que el esférico estaba en posesión de Reiziger, en posición de lateral derecho, mientras que él estaba en la posición de extremo izquierdo. En ese caso, confesó que apenas era capaz de distinguir nada.

Pero al margen de lo que puedan ver los jugadores, la UEFA no tiene en cuenta los intereses de quienes realmente costean la competición, los espectadores que acuden a los estadios y las televisiones que pagan los derechos de retransmisión de los partidos. La UEFA, por ejemplo, tiene previsto repartir 78.000 millones de pesetas entre los clubes que participan este año en la Liga de Campeones.

Quienes intentaron presenciar el partido por televisión tuvieron que aguzar extraordinariamente la vista para poder observar, siempre gracias a alguna que otra repetición captada con una cámara situada a pie de campo, los goles o alguna que otra de las jugadas de peligro que se produjeron. Pero fue absolutamente imposible seguir el desarrollo del partido y ver ni la situación de los jugadores ni en la mayoría de las ocasiones distinguir siquiera quien tenía el balón en su poder. La mala visibilidad se acentuó porque tanto las gradas como las plataformas para las cámaras de televisión del estadio olímpico de Berlín están muy alejadas del terreno de juego.

La niebla también obligó al Barcelona a modificar su viaje de regreso. Se cerró el aeropuerto de Berlín y el chárter que transportó a la expedición salió desde Leipzig. La plantilla azulgrana, tras finalizar el partido, se trasladó en autocar hasta Leipzig, a unos 190 kilómetros de Berlín, antes de tomar el vuelo que aterrizó en El Prat de Llobregat a las seis de la mañana de ayer. Van Gaal tenía previsto que el equipo se entrenará ayer a primera hora pero al final se vio obligado a retrasar la sesión hasta la tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de noviembre de 1999

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