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Estados Unidos controla los cambios desde la distancia

En la vida política y económica de EEUU el Fondo Monetario Internacional (FMI) es un asunto menor. Excepto cuando el Congreso debe aprobar aportaciones de dinero para el funcionamiento de la institución. En este caso, los líderes republicanos acostumbran a denunciar el despilfarro que, según ellos, realiza un FMI comandado por "el socialista francés" Michel Camdessus, director general del Fondo hasta febrero.Sin embargo, las apariencias pueden engañar. Para EEUU, el FMI es una pieza básica de su política internacional. Durante muchos años ha contribuido a reforzar el papel del dólar en las transacciones internacionales y a impulsar la plena libertad para el movimiento de capitales. De hecho, fuentes del Gobierno de EE UU consultadas por Efe señalaron ayer que EE UU mantiene "activas conversaciones" con los Gobiernos europeos para elegir al próximo director del organismo.

La palanca de poder de EE UU en el FMI se alimenta por dos vías. La primera es de índole económica, pues la primera potencia del mundo es también el primer financiador. Es decir, que ningún plan de intervención del FMI puede llevarse a cabo sin la aportación y la aprobación de EE UU. En segundo lugar está el papel desempeñado por el director adjunto al director gerente. En realidad, es el primer ejecutivo del FMI, lo que compensa la concesión de la presidencia a los europeos.

Cambio en el Tesoro

La marcha de Camdessus se produce pocos meses después de que Lawrence Summers haya sido nombrado secretario del Tesoro, en sustitución de Robert Rubin. Summers fue quien colocó al actual director adjunto del FMI en su cargo, Stanley Fischer, quien fue su profesor en el Massachusets Institut of Technology (MIT). El cambio que se produce ahora, y sobre todo la interinidad que pueda producir el nombramiento del nuevo director, pueden reforzar aún más la influencia de EE UU en la institución.De hecho, la renuncia de Camdessus tiene cierta relación con la imposibilidad de que su proyecto de reforzar los órganos políticos de dirección, en los que los europeos tienen una capacidad de influencia superior a la que obtienen en las reuniones bilaterales o en las del grupo de países más ricos, el G-7, fuera abandonado tras la resistencia estadounidense. Para éstos, el FMI es tanto más útil cuanto menos cambie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 1999