Montenegro apuesta por la secesión de Serbia, pero teme la reacción de Milosevic

La posibilidad de una nueva guerra amenaza a la Federación Yugoslava

ENVIADO ESPECIAL, Dirigentes de partidos políticos y de los Gobiernos de Serbia y Montenegro han mantenido estos días entrevistas para tratar de redefinir las relaciones de las dos repúblicas dentro de la Federación de Yugoslavia. No parecen haber logrado ningún resultado concreto, y Montenegro esgrime la amenaza de crear una moneda propia y realizar un referéndum sobre la independencia. Montenegro, la hermana menor de Serbia en lo que queda de la antigua Yugoslavia, intenta escapar al abrazo de oso del régimen de Belgrado, y ha esbozado y puesto en marcha ya un camino que podría llevarla a la secesión.

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La empresa se presenta preñada de riesgos. De llegarse a ello, todos en Montenegro temen la reacción del régimen del presidente de Yugoslavia, Slobodan Milosevic, en colaboración con una sólida base de seguidores montenegrinos. Por añadidura, los lazos culturales, de religión y lengua, más las conexiones familiares entre Serbia y Montenegro son mucho más fuertes que con otras repúblicas hoy escindidas de la antigua Yugoslavia. En un punto coinciden los independentistas y los seguidores de Milosevic en Montenegro: la crítica contra Estados Unidos y la comunidad occidental. Los partidarios de la unión con Serbia acusan a Estados Unidos de mover los hilos para lograr la secesión; los independentistas reprochan a Occidente su hipocresía, y dicen que desea un Montenegro rehén del régimen de Belgrado.Ante un grupo de hombres de negocios norteamericanos, el presidente de Montenegro, Milo Djukanovic, de 37 años, aseguró el pasado jueves: "Lo que hace Montenegro ahora no pone en peligro ni la estabilidad propia, ni la de Yugoslavia ni la de la región". Y siguió: "Estamos preparados para continuar con decisión las reformas económicas y democráticas y la integración en Europa. En un futuro próximo vemos Montenegro como una sociedad abierta, multiétnica, integrada en las estructuras europeas y de la OTAN, y nos sentiremos muy felices si despertamos la inspiración de las estructuras democráticas de Serbia para que marchemos juntos". Djukanovic anunció después que, en los próximos días, Montenegro se hará responsable incluso del sistema monetario. Según él, el nivel de vida desciende en Montenegro y las tensiones políticas crecen cada día, pero también la conciencia de la necesidad del cambio y de la independencia del Estado".

Djukanovic, dirigente del mayoritario Partido Demócrata de los Socialistas (DPS), aseguró no querer dar un solo paso que pusiera en peligro la estabilidad del país, y sabe que se mueve en el filo de la navaja al referirse a la posible independencia. Todos los políticos entrevistados estos días en Montenegro por el enviado de EL PAÍS coinciden en expresar el temor a la reacción del régimen de Milosevic ante la salida de Montenegro de Yugoslavia, y dibujan el fantasma de una nueva guerra.

Referéndum

Dragan Djurovic, un abogado de 39 años que dirige el periódico oficial Pobjeda (Victoria), diputado y jefe del grupo parlamentario del DPS, asegura que ciertos clanes de adictos a Milosevic "no aceptarían los resultados de un referéndum sobre la independencia y, dirigidos desde Belgrado, tratarían de desestabilizar el futuro de Montenegro e incluso provocar una guerra", y que ha habido ya reuniones al respecto. Predrag Bulatovic, un ingeniero industrial de 43 años, jefe del grupo parlamentario del opositor Partido Socialista Popular (SNP), fiel a Milosevic, asegura que un 60% de ciudadanos de Montenegro es partidario de seguir unido a Serbia, "pero, por desgracia, en los Balcanes no deciden los ciudadanos. Un factor esencial es la injerencia extranjera, sobre todo de Estados Unidos. Si ellos deciden no ayudar a Djukanovic y no involucrarse ocurrirían dos cosas: Djukanovic caería por vía democrática y Montenegro seguiría en Yugoslavia". Según Bulatovic, "Estados Unidos decide sobre nuestras vidas y pueden dar la orden de que Montenegro vaya a la independencia, y eso desencadenaría una nueva guerra".

El escenario que describe Bulatovic, homónimo del presidente de Yugoslavia, Momir, pero no emparentado, es un clásico en las guerras de la región. Según Bulatovic, los montenegrinos no aceptarían un resultado de un referéndum "falsificado por Djukanovic con el apoyo de Occidente". Seguiría una rebelión popular, que los medios occidentales atribuirían a "un ataque de Milosevic contra Montenegro y luego, según el modelo iraquí, con la intervención en Kuwait, tropas de la OTAN entrarían en Montenegro y seguirían la agresión contra Serbia".

Los partidarios de la independencia tampoco se quedan cortos en su crítica a Occidente, pero por todo lo contrario. Zarko Rakcevic, diputado y presidente del Partido Socialdemócrata (SDP), asegura que mantener la actual Yugoslavia es imposible. "No se puede hacer un matrimonio entre un ratón y un elefante". El ratón montenegrino tiene algo menos de 14.000 kilómetros cuadrados, algo menos que la provincia de Sevilla, y 680.000 habitantes, una cifra similar a la de la capital andaluza. El elefante serbio, sin Kosovo, es casi seis veces más grande que Montenegro y multiplica por 12 el número de habitantes.

Según Rakcevic, Occidente teme el efecto dominó de una independencia de Montenegro sobre Sandzack, región de Serbia con mayoría musulmana, Voivodina, provincia serbia con una fuerte minoría húngara, y Kosovo, provincia serbia bajo la administración de la ONU. "Por eso nos convierte Occidente en rehenes de Serbia", dice Rakcevic, quien espera lograr la independencia, "porque un 67% de los jóvenes, los más educados, los pocos empresarios que tenemos se pronuncian por una confederación con Serbia o la independencia". Eso sí, asegura Rakcevic, "queremos un divorcio sin riesgos".

El marco montenegrino, primer paso hacia la independencia

El Gobierno de Montenegro ha puesto ya en marcha los planes de crear una moneda propia, el marco, con una cotización igual al alemán, para evitar que la caída del dinar yugoslavo acabe por arruinar su economía. El Partido Socialista Popular (SNP), fiel a Belgrado y principal fuerza de oposición al presidente Milo Djukanovic, considera la medida como un paso más, casi definitivo, en el camino de la secesión de Montenegro.La introducción del marco no haría más que reconocer una situación de hecho, pero destruiría uno de los dos pilares que todavía sujetan la frágil federación entre Serbia y Montenegro. Sin una moneda conjunta, a las dos repúblicas que forman la actual Yugoslavia no les quedaría en común más que el Ejército.

Djukanovic ha encomendado la creación de la nueva moneda al experto norteamericano Steve Hanke, que ya probó su competencia al sanear la economía de Bulgaria. Hanke explica sus planes en el periódico oficial Pobjeda (Victoria): primero se introducirá el marco alemán como medio de pago, y después, el marco montenegrino, que se imprimirá según las directrices de un consejo monetario y tendrá paridad con el marco alemán. En cuanto comience la aplicación de esta ley, el marco alemán será un medio legal de pago, pero se necesitarán de 30 a 90 días para establecer el consejo monetario para el montenegrino. Según Hanke, "Milosevic ha apagado sus tanques pero ha enchufado las máquinas de imprimir dinero. Por eso Djukanovic me ha pedido que ponga en marcha el Consejo Monetario de Montenegro".

Dinero extranjero

El dirigente del opositor SNP,Predrag Bulatovic, jefe del grupo parlamentario, declaró a EL PAÍS que la creación de una moneda paralela al dinar no sería en sí mismo problemático, pero considera la medida como un intento de Djukanovic para probar el camino hacia la independencia de Montenegro. Bulatovic dice que "el dinero llegaría del extranjero para dar a la nueva moneda una cobertura a corto plazo, y después vendría la decepción de los ciudadanos". Y añade: "Un país donde nadie trabaja, donde no se produce nada más que contrabando y donde florece la criminalidad carece de base para crear una moneda".

El semanario montenegrino Monitor, en un artículo titulado Con qué soñamos y qué nos pasa, explica el proyecto de nueva moneda, basado en la creación de unas reservas en divisas de 130 a 150 millones marcos (entre 11.000 y 13.000 millones de pesetas) y con el tipo de cambio entre 16 y 20 dinares por marco, frente a los seis de ahora. Al tiempo se cortará el tráfico monetario entre Serbia y Montenegro o habrá una restricción significativa para impedir el ataque de los dinares de reciente emisión, en manos de la élite serbia, contra las reservas en divisas de Montenegro. Estos planes se creen prioritarios para evitar que la emisión de moneda sin cobertura por parte del Banco Central de Yugoslavia arrastre a Montenegro por el camino de la hiperinflación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 30 de octubre de 1999.

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