Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Un callejero con historia

¿Sabría explicar por qué la calle, plaza o avenida en la que vive recibe el nombre que figura en los rótulos correspondientes? Muchos ciudadanos se preguntan a menudo qué significan, a qué se refieren esos nombres con los que se topan a diario, a poco que alcen la vista, cuando se dirigen al trabajo o al pasear por la ciudad. Porque, excepción hecha de los que recuerdan a personajes sobradamente conocidos -santos, pintores, escritores-, de aquellos que reflejan hechos históricos y topónimos, o de los que tienen su origen en antiguos oficios, en la ciudad hay muchos otros rótulos que nos dejan con la duda. El libro Las calles de Valencia, el significado de sus nombres, presentado ayer, da respuesta a la mayoría de esas dudas.El trabajo, editado por el Ayuntamiento de Valencia, ha sido elaborado por Rafael Gil y Carmen Palacios, que durante dos años han buceado en archivos y enciclopedias para conocer los orígenes de las casi 2.500 calles, plazas y avenidas de la ciudad. Una investigación que permite conocer el desarrollo de la ciudad, su historia y sus hitos, según Gil, decano de la Facultad de Geografía e Historia de Valencia. "Conocer el nombre de las calles ayuda a conocer la sintaxis de la ciudad, su evolución, los aspectos que interesaron en una época, las ideologías políticas" de cada momento, señala Carmen Palacios, que ejerce de maestra.

El trabajo ha sido sistemático y ha resultado dificultoso, porque los archivos municipales tienen muchas carencias en este sentido. Entre otras cosas, no ha existido nunca un criterio claro a la hora de poner nombres a las calles. Los autores señalan que la rotulación de las calles de Valencia ha sido "arbitraria" y refleja una "extraordinaria improvisación". Así se refleja en el libro en la entrada Riuet, una pequeña calle cerca del puerto: "Rotulación realizada en 1972 sin que se aporten datos explicativos o informe del Cronista de la Ciudad sobre el sentido del nombre que se propone".

En otros casos los motivos son claros. Así, en los años sesenta y primeros setenta, en que Valencia tuvo dos alcaldes médicos seguidos, se multiplicaron los rótulos con nombres de doctores en medicina. Algunos eran conocidos, pero muchos otros obtuvieron una calle sin más mérito que su condición de colegas del alcalde o haber tratado con éxito a algún familiar de un funcionario con influencias.

La investigación de Gil y Palacios arroja algunas curiosidades. Así, el libro explica el origen del nombre de la calle del Trench: está en el término valenciano trencar, romper, que es lo que hubo que hacer con la antigua muralla de Valencia para dar salida a la ciudad para el mercado. También aclara algunos malentendidos: el nombre de la calle de Mare Vella, en el barrio de El Carme, no tiene nada que ver con el original, que era calle de la Maravella. Y el de la calle de En Sala, correspondiente a un linaje de origen catalán, sufrió un añadido que durante algún tiempo modificó por completo su significado: un rotulista escribió una sílaba de más para convertirla en la calle de la Ensalada. Pero los cambios de denominación han obedecido casi siempre a razones políticas. La plaza del Ayuntamiento es un buen ejemplo: su nombre original es de San Francisco. Pero en los últimos 150 años ha sido dedicada sucesivamente al General Espartero, a Isabel II, a la Libertad, nuevamente a San Francisco, a Emilio Castelar, al Caudillo y al País Valenciano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de octubre de 1999