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¡Aquellos chicos de La Viña!

El profesor Peña, El Charpa, Antonio Rivera y El Corneta debieron firmar aquel 1965 tantos autógrafos como Ringo Starr, John Lennon, Paul Macartney y George Harrison. O casi tantos. Junto a otros ocho gaditanos recorrieron España dos veces, de arriba abajo, actuaron en el Hotel Flamboyan de Puerto Rico y en Andorra; formaron "el taco" por donde fueron llevando la parodia gaditana de The Beatles, los auténticos chicos de Liverpool que aquel año causaban furor, provocaban el desmayo de las jovencitas y se convertían en un fenómeno sociológico. El Ayuntamiento de Cádiz acaba de reconocer la importancia y la trayectoria de aquella agrupación entregándole la Medalla de Plata de la ciudad a su autor.Enrique Villegas, nacido en Ayamonte (Huelva) hace 76 años, pero gaditano también desde los 16, le vio rápido el color a la cuestión, a la beatelmanía. Se alió con 12 comparsistas del típico barrio gaditano de La Viña e inscribió a su agrupación para el concurso oficial de agrupaciones del Gran Teatro Falla con el nombre de Los Escarabajos Trillizos. Después, las técnicas de mercado, las recomendaciones de los promotores y la oportunidad comercial, recomendaron el cambio de nombre hasta adoptar el de Los Beatles de Cádiz. En 1966, convertidos en un referente artístico nacional, ocuparon la portada de Actualidad Española, "donde sólo salía el boom del momento", recuerda Villegas. En los contratos estampaban su firma bajo la denominación de Estrellas del espectáculo y, de la mano de Manolo Caracol, Juan Vargas -de la Venta Vargas- y el promotor artístico Cortés, llegaron a ser considerados como la primera atracción de España durante aquella época. "La primera, que no la mejor", admite el autor, "que la voz de Raphael era otra cosa".

Aquella comparsa, que cedió el primer premio del concurso de Cádiz a Los Sarracenos, de Paco Alba, se convirtió, en cambio, en la primera proyección exterior de la fiesta gaditana. Durante siete meses, actuaron cada noche en el tablao Los Canasteros, en Madrid, a razón de 75.000 pesetas diarias. "Fuimos para diez días y estuvimos medio año". Cada noche desgranaban un repertorio paródico, sarcástico, con ritmos desternillantes y un mimetismo sincronizado que arrancaba carcajadas al heterogéneo público de las noches madrileñas. Villegas perdió su trabajo en Astilleros de Cádiz. "Cosas de la vida", lamenta, "el alcalde José León de Carranza me insistió para que me quedase en Madrid con la agrupación y me garantizó que al regresar tendría mi empleo, pero el hombre murió y ahí se acabó la historia". Otros aprovecharon su estancia en Madrid para empezar estudios universitarios. Fue la historia de 12 gaditanos que, "sin comerlo ni beberlo", se vieron envueltos en una aventura artística sin precedentes para la fiesta.

El mayor respingo de aquellos años se lo llevó Villegas una noche que su agrupación actuaba en el Biombo Chino. El torero algecireño Miguelín lo condujo a la mesa donde se sentaba el manager de los auténticos Beatles. Algo habían escuchado los músicos sobre un grupo de españoles que se mofaban de ellos. "Estaba algo mosqueado, pero le expliqué cordialmente al hombre que no era ninguna ofensa y cuando nos vio actuar se rió y se convenció. Tanto, que nos invitó a actuar de teloneros con The Beatles en un espectáculo. Quedó en que nos llamaría, pero días después se mató en un accidente de avión. Y ahí acabó todo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de octubre de 1999

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