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Tribuna:

Ultras

JOSÉ LUIS FERRIS

Son muchos, demasiados siempre, los momentos de la Historia que nos hacen sentir vergüenza de la condición humana. Los desmanes cometidos en nombre de Dios, de la raza o del Imperio han servido para abonar la tierra con el material orgánico de muchedumbres condenadas al silencio y hasta el olvido incluso. Nunca faltaron genocidas ni estúpidos fanatismos en este mundo nuestro, aunque el ejemplo más sonado del siglo que nos ha tocado en suerte haya sido, sin duda, el holocausto judío. Quizá por ello y por las vivas secuelas que hierven aún de aquel y de otros exterminios, cualquier actitud xenófoba, cruz gamada o beligerancia racista que se cruza ante nosotros nos conduce, necesariamente, hacia la alerta. No es de extrañar, por tanto, que la opinión pública ande estos días revuelta ante el resultado de los comicios generales celebrados recientemente en Austria, y digo que no es extraño porque, después de las lecciones que nos ha dado la Historia, suena como un mal chiste que un ultraderechista con pintas de nazi desalmado llamado Joerg Haider haya sido capaz de dar un vuelco al mapa político de su país. Sus aspiraciones a la cancillería federal eran poco menos que ridículas hace tan sólo unos meses, pero al resultar su partido, el FOPE, la segunda fuerza más votada con más de un millón de electores, la broma adquiere proporciones que invitan, como mínimo, a la reflexión.

Que todavía queden nostálgicos del sufrimiento ajeno, cabezas rapadas y hasta indocumentados camicaces que actúen con impulsos de irracionalidad no deja de ser anecdótico, pero que las masas lo refrenden y depositen en una urna la porción de insensatez que estos locos demandan me parece sencillamente lamentable. La broma, como digo, está llegando demasiado lejos y puede que cualquier día se extienda hasta nosotros y haga posible que eslóganes tan divertidos como "deles un susto, vótenos", firmado por la derecha más arcaica, acabe resultando tan convincente como los futuros discursos de Mario Conde encabezando el nuevo Centro. Toquemos madera y que la Historia nos proteja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de octubre de 1999