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PATÉ DE CAMPAÑA Solidaridad AGUSTÍ FANCELLI

Tarí, tará, tarirorirá. Les pongo de entrada la sintonía del PP para que no se confundan, pues cuanto ayer escuché en boca de Alberto Fernández Díaz y me apresto a referirles, bien hubiera podido firmarlo Ribó, y no es mi intención liarla. El candidato del PP se reunía de mañana con varias organizaciones no gubernamentales en el centro cívico Pati Llimona de Ciutat Vella para exponerles su programa de solidaridad y cooperación, que pasa por impulsar una ley sobre este asunto para el año 2000 y por destinar el 0,7% del presupuesto de la Generalitat a promocionar los derechos humanos y la paz. "En mi condición de cargo electo, yo ya destino el 0,7% de mi nómina a la solidaridad", explicó Fernández antes de entrar en la reunión. A lo que añadió que aquel acto pretendía ser "un homenaje" a las ONG por su gran trabajo humanitario, sin el cual Cataluña no sería la tierra de acogida que es. "Hemos de romper las barreras que se oponen a la integración". "Tenemos la obligación de no repetir los errores cometidos por muchos países de la UE". "Cataluña será plural y diversa o no será". Etcétera. Razonó luego el vacío que con la supresión de la mili obligatoria ha dejado la objeción de conciencia que cubría muchas tareas de voluntariado hoy desatendidas, y propuso destinar a esta causa 1.500 millones de pesetas. Derecha mía, quién te ha visto y quién te ve.Sin perder la cara de buen chico, repartió también algún palo, y aquí ya se distanció de Ribó. Del anunciado terremoto pronosticado por Maragall para el día 17 dijo que el candidato socialista se había confundido de fecha, que ese terremoto fue el del lunes, "y ya se ha visto que no ha pasado nada". Con Convergència fue más discreto: a propósito de los parques temáticos y las infraestructuras turísticas en Cataluña, la acusó de haber dejado de invertir 55.000 millones de pesetas presupuestados. A todas luces Alberto aún no cumple con la conducta pavloviana que Josep Curto, ex presidente del Grupo Popular, enunció ayer por Radio 4 con toda su flema tortosina. A saber: "Lo senyor Pujol, quan te fa ¡guau!, li has de fer ¡guau, guau!". De momento, lo de Alberto no llega a ladrido, y menos a dos. Todo lo más es un gruñido suave, muy parecido a un ronroneo. Un gruñido-ronroneo solidario, eso sí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 05 de octubre de 1999.