Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La herencia de John John Kennedy provoca una batalla judicial y familiar

Superado con penuria el angustioso luto nacional y agotados por fin los tópicos que siguen a la muerte de un Kennedy, ahora es la herencia del hijo del presidente número 35 de EEUU la que ocupa minutos en las tertulias en su versión formal -por el testamento que ahora se conoce- y, sobre todo, en su vertiente sentimental, con la publicación del homenaje póstumo que le ha dedicado la que fuera su revista, George.

George va a intentar seguir en el mercado, pero su batalla contra el cierre tiene todos los elementos de una derrota anticipada. El número que sale ahora al mercado es el primero que no cuenta con ninguna aportación de John F. Kennedy, fallecido junto con su mujer y su cuñada en el accidente de su avioneta el 16 de julio. El último número de George es también el homenaje al que fuera su creador y su locomotora en el mercado. Ése es el problema de la publicación: cómo sobrevivir sin el gancho de John John.La propiedad de la publicación estaba repartida entre Kennedy y la editora Hachette Filipacchi Magazines, que como primera medida protectora ha rebajado de 12 a 10 el número de ediciones anuales. En los meses anteriores a la muerte de Kennedy, su revista había perdido más de las mitad de las páginas que tenía en sus primeros tiempos, indiscutible signo de la falta de ingresos publicitarios.

La revista, que quiso mezclar política con espectáculos, ha puesto a la venta el número en el que los compañeros y asalariados de Kennedy rinden pleitesía póstuma a su creador. Es la primera edición de George que no lleva en portada la cara de algún famoso en pose irreverente, el sello más conocido de esta publicación. Los colores mortuorios de la portada dan paso a una recopilación de artículos y entrevistas (Fidel Castro, Bill Clinton) firmadas por Kennedy junto con homenajes, dedicatorias y recuerdos de John John. Hachette está negociando con la familia Kennedy la compra del porcentaje de George que estaba en manos de su difunto editor.

John F. Kennedy Jr. no dejó nada escrito en su testamento sobre la revista George. El escueto documento notarial, del que apenas se conocen algunos detalles, confirma la pasión que sentía por sus sobrinos. Los tres hijos de su hermana Caroline (Rose, Tatiana y John, de 11, 9 y 6 años) heredan casi toda su fortuna, valorada entre 30 y 100 millones de dólares (entre 4.800 y 16.000 millones de pesetas). John John firmó su testamento en diciembre del 97; el maleficio de la familia le obligó a cambiarlo porque el primo hermano al que nombró albacea murió de cáncer poco después. Tampoco está claro el reparto de los bienes conjuntos que poseía junto a su esposa, Caroline Bessette. De hecho, los abogados de la familia Bessette planean presentar una extraña demanda contra los Kennedy: no quieren culpar a Kennedy del accidente por conducta temeraria, sino "limpiar el nombre" de sus hijas porque a ellas se atribuye la razón última del suceso. Se ha relatado hasta la saciedad cómo Kennedy no quería volar aquella tarde porque le acababan de quitar una escayola, cómo su mujer le obligó a hacerlo a pesar de que habitualmente desconfiaba de su habilidad como piloto, y cómo complicó más las cosas al obligar a su marido a hacer un trayecto más para dejar a su hermana, Lauren Bessette, en un lugar cercano al destino final.

Y hay una guinda para el pastel de la herencia: a la larga lista de amantes verdaderas y falsas que John F. Kennedy Jr. tuvo en vida se ha sumado una mujer que pertenece previsiblemente a la segunda categoría. Una antigua empleada de la revista George, la publicación que dirigía, lleva varias semanas tratando de vender a los tabloides la historia de un embarazo del que su antiguo jefe sería el culpable. Su embarazo es real, pero no es en absoluto creíble la paternidad que ella reclama. No conviene olvidar que la primicia periodística la han publicado los mismos diarios neoyorquinos que varias veces al año dedican su portada al aterrizaje de naves marcianas en algún desierto de EEUU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de octubre de 1999

Más información

  • Su revista le dedica un homenaje póstumo