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Ramón Barea dirige la herencia teatral de Molière en la comedia "La dama y el cardenal"

El escritor francés Jacques Rampal ha revivido 300 años despúes las esencias del teatro de Molière. En su obra Celimene y el cardenal recuperó a los protagonistas de El misántropo para reescribir su historia desde la contemporaneidad. El actor y director Ramón Barea asumió el reto de llevar al escenario la versión La dama y el cardenal, que esta noche estrena en el Teatro Arriaga de Bilbao, tras su paso en julio por el Festival de Teatro de San Sebastián. "Es una sutil comedia sentimental que hereda el análisis del alma humana de Molière", explicó Barea.

Rampal consiguió en 1995 con esta obra inspirada por El misántropo el premio a la mejor comedia francesa, el equivalente a los premios Max del teatro español. "Es la historia de un amargado", señaló Barea. "El misántropo es ese hombre infeliz que odia a todo el mundo, con una gran capacidad para echar a perder cualquier atisbo de felicidad. En la obra está flotando el amor y la sensualidad, pero nunca llega; es lo contrario de Las amistades peligrosas", meditó ayer en la presentación el director del montaje. Barea aseguró que la obra se construyó sobre "la carpintería de Molière" y su análisis del alma humana, "a veces distendida, a veces chusca". Para su director, La dama y el cardenal es una sutil comedia sentimental, que busca la participación del espectador para provocar la risa. Los actores que encarnan a Celimene y el cardenal son Ane Gabarain, una de las actrices de la película de Barea Pecata minuta, habitual en las producciones de Euskal Telebista, y Cándido Uranga, que ha participado en Vacas, de Julio Medem, y en la serie Goenkale, entre otros trabajos. "Rampal retoma el personaje de Alceste, el misántropo, y su eterna enamorada Celimene, y los vuelve a juntar años más tarde", explicó Barea. El juego de la relación de una pareja, separada por su diferente forma de vivir la vida y de expresar sus sentimientos, es contada en la obra "desde el punto de vista de Celimene, con una visión feminista", según el director. El reencuentro de los enamorados, uno malhumorado para el que la vida es hiel y la otra, una mujer inteligente, convertida en la esposa de un aburrido burgués, permite asistir en la obra a sus riñas domésticas y a divertidos debates filosóficos sobre hombres y mujeres, prometió Barea. La sencillez del personaje de Celimene se contrapone a la intransigencia y la amargura de su querido Alceste, que con el paso de los años se ha revestido ahora de poder. La dirección artística del montaje es obra de José Ibarrola, habitual colaborador de Barea. "La escenografía sigue la sutileza de una comedia que recuerda lo clásico desde la contemporaneidad", puntualizó Ibarrola. En su diseño del escenario los elementos realistas que evocan la estética del siglo XVII han sido reducidos "a retazos". La dama y el cardenal fue presentada a los programadores en la Feria de Teatro de San Sebastián, que se celebró por segundo año el pasado mes de julio. Los productores del montaje, la sociedad Txalo Produkzioak, están satisfechos con los resultados obtenidos en ese foro. A las criticas favorables que cosechó la obra, se suma la contratación de más de 60 representaciones, en distintas ciudades de toda España. El próximo 2 de octubre se estrenará en Azkoitia la versión en euskera del montaje de Barea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de septiembre de 1999

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  • La obra se estrena hoy en Bilbao tras su paso por el Festival de San Sebastián