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La policía desaloja por sorpresa a 130 rumanos acampados en un solar

El grupo de 130 inmigrantes rumanos indocumentados, entre ellos unos 40 menores de edad, que estaba acampado a las afueras del campamento de San Roque (Fuencarral) se despertó ayer antes de tiempo. A las siete de la mañana, veinte coches-patrulla de la Policía Municipal rodearon las 30 tiendas de campaña de los rumanos Los agentes les apremiaron para que abandonarán el solar abandonado. Los inmigrantes indocumentados denunciaron que los policías les requisaron las tiendas de campaña sin explicarles el motivo del desalojo.

El desalojo de ayer repitió los mismos esquemas del ejecutado en julio en el poblado de Malmea. En aquella ocasión, la policía madrugó también para expulsar a los inmigrantes con la excusa de limpiar el solar porque se había convertido en un foco de suciedad. Ayer, los agentes utilizaron un argumento distinto. Primero hablaron de unas obras que tenía que emprender la Junta de Distrito de Fuencarral en la parcela ocupada por las tiendas. Después, la concejal de Servicios Sociales, Beatriz Elorriaga, del PP, ofreció la versión de que el lunes, en una reunión entre agentes sociales y responsables municipales, se acordó "incrementar la presión policial" por los supuestos altercados provocados por algunos rumanos que atemorizaron a miembros de las organizaciones no gubernamentales que atienden a los inmigrantes del interior del campamento y que les prohibieron el acceso al mismo. "En algún caso, los inmigrantes les han amenzado de muerte", aseguró ayer la concejal. Elorriaga, con todo, se extrañó del desalojo "porque de eso no se dijo nada el lunes". El Ayuntamiento de Madrid ha propuesto a los rumanos interesados costearles el billete de vuelta en avión a su país. "Eso se lo hemos ofrecido desde siempre", manifestó la edil. Elorriaga también aseguró que el lunes, un grupo de inmigrantes rompió la valla del poblado con la intención de entrar. Los rumanos lo negaron. Ayer, la valla del recinto permanecía intacta.

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Pocos colchones

Una excavadora municipal inutiliza el solar para evitar la acampada de rumanos

Los 130 expulsados del solar abandonado tomaron la acera y la calzada del camino de San Roque y esparcieron las bolsas y los pocos colchones que tenían. Mientras, la policía acordonó con vallas y cintas el descampado en el que estaban para impedir el regreso de los inmigrantes al erial. La policía municipal controló durante toda la mañana la zona y a las 14.00 abrió paso a una excavadora municipal que se encargó de inutilizar el solar para la instalación de un campamento. La máquina roturó todo el terreno, unos 400 metros cuadrados; llenó el campo de agujeros y echó la tierra que sacaba en el mismo lugar. Los rumanos se quejaban de que tendrían que dormir sobre la acera y la calzada. "Al excavar todo el campo, los niños corren peligro. Están en la carretera sin protección contra los coches", explicó una de las mujeres rumanas.

Entre los inmigrantes que no fueron realojados el viernes está John Constantine, agricultor de profesión, el padre de la niña que murió abrasada el 10 de marzo en el poblado de Malmea. Este inmigrante, de 21 años, se quejaba de que Cruz Roja no le había incluido en la lista. Afirma que cuando murió su pequeño las autoridades le prometieron un piso para él y su familia. Ahora se ve en la calle y sin opción a entrar en un campamento. "Estuve en Malmea más de un año. No me he ido a Valencia o a Alicante, como otros, para vender La Farola. Cuando nos echaron del otro campamento yo tardé dos días en llegar a San Roque, porque no tengo coche. Entonces ya no me metieron en la lista. La encargada de la Cruz Roja me dijo que lo iba a hacer, pero al final me quedé fuera", protestó. Un hermano suyo está desde el viernes en el campamento de San Roque.

"¿Quién puede pensar que me gusta dormir en la calle con mi mujer y mi hija pequeña? Todos los días me dicen una cosa distinta que al final acaba siendo mentira. Hay otros compañeros y familiares que han venido hace cuatro meses y les han metido en el campamento. Es injusto", dijo Constantine.

María Teresa Álvarez, de la organización Mundo Justo, denunció que las listas para el realojamiento se hicieron mal. Esta voluntaria asegura que el 80% de los 130 inmigrantes desalojados ayer vivían en Malmea: "La lista se manipuló. El presupuesto se cortó y ya no hay dinero para atender a todos los que estaban en el otro campamento. Aquí hay muchos niños y un problema real".

Los rumanos afirmaron que permanecerán en las afueras del poblado de San Roque hasta que sean realojados o el Ayuntamiento les solucione su situación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de septiembre de 1999

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