Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Uri Orlev: "De pequeño estaba celoso de los héroes de los libros que leía"

Al autor de libros infantiles y juveniles Uri Orlev (Varsovia, 1931), premio Andersen 1996, la vida le tenía preparado un auténtico vía crucis: la desaparición de su padre en la II Guerra Mundial, la supervivencia en el gueto judío de Varsovia, la muerte de su madre y una estancia de dos años junto a su hermano en el campo de concentración nazi de Bergen-Belsen. Sin embargo, cuando era un niño, antes de la guerra, a este autor de una treintena de títulos traducidos a más de 10 idiomas, su existencia le parecía aburrida: "Empecé a leer a una edad muy temprana y siempre estuve muy celoso de los héroes de los libros. A ellos les ocurrían muchas aventuras, cosas excitantes y que daban miedo". "Pero yo", continúa, "sólo podía ir al colegio, comer y hacer los deberes. De repente estalló la guerra y todo se acabó. En uno de los primeros bombardeos de Varsovia comprendí que algo había pasado. A partir de entonces me vi a mí mismo como el héroe de una novela". El autor se halla en Barcelona en visita privada y ha aprovechado para hablar de dos de sus libros, editados recientemente por Alfaguara y Noguer y Caralt: Lidia, reina de Palestina y L"illa del carrer dels Ocells, respectivamente. Ambos recogen vivencias del autor relacionadas con la guerra y con su traslado a Israel en 1945: "Esta es mi historia. Si hubiera nacido en otro tiempo y en otro lugar, habría escrito otras experiencias". Columbus, Ohio A juicio de Orlev, sin embargo, muchas de las historias que cuenta, relacionadas con la persecución de los judíos por el nazismo, tienen conexiones con la actualidad. Cuenta, como ejemplo, que un chico de raza negra de Columbus, capital del Estado de Ohio, en Estados Unidos, le escribió para contarle que en su ciudad existen guetos como el de Varsovia. Unos barrios dominados por pandillas juveniles que acribillan a balazos a inocentes. Pero no todo es dramatismo en las palabras de este escritor, cuenta también que recibe muchas cartas de niños que se parten de risa con otras de sus historias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de septiembre de 1999