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Tribuna:LA PAELLA DE LAS VANIDADES- GUILLEM MARTÍNEZ

Hola a todo eso

Hace pocos días empezaron las fiestas-con-señor-que-paga-una-fiesta. La Copa es rara. Nadie sabe lo que pasa y eso es lo que pasa

-El verano y el concepto barriga. Avión hasta Palma. Nota mental sobre los retrasos aéreos: si en vez de una tarjeta Iberia Plus tuviera una Iberia Pus, a estas alturas poseería suficientes puntos como para volar al hiperespacio, ser el segundo astronauta del lugar y, snif, ligar como un cafre. Bueno, es verano. En invierno puedes esconder la barriga. En verano, no. A los países les sucede algo parecido. En verano, zas, les sale la barriga y las metáforas de sí mismos. En verano se averigua que al general Clark le va la rumba. En verano, en la India, las personas mueren en pack de 500 unidades. En verano, por aquí abajo, Gil intenta sobornar a un protodiputado sociata de Melilla, y Matutes quiere hacer un apaño con lo de Pinochet. Oropesa es una barriga veraniega que explica tics que en invierno no son tan latentes. Palma, pues también. De hecho, hasta la canción del verano es una barriga de verano, que explica, glups, los gustos de una sociedad en invierno.-La transición y la barriga.Esta semana se está produciendo la transición veraniega en Palma. Un bloque informativo -bloque a)- sucede a otro -bloque b)-, ante el desinterés de los mallorquines que, estadísticamente, se van de vacaciones y dejan esta ciudad en depósito para que la humanidad la convierta en uno de los parques temáticos del verano. El gran tema-barriga de la isla -o bloque a)- era la visita de Michael Douglas, que con la inestimable ayuda de la señorita Zeta-Jones batió el récord insular de acoplamientos, hasta ese momento en poder de un roedor de Calvià. Hace pocos días empezaron las fiestas-con-señor-que-paga-una-fiesta. También han empezado las fiestas guarris. En una discoteca se eligió la chica Play-Mate. El público, masculino sector recién-divorciado, recibió a todas las candidatas a grito pelado, de manera que aquello parecía una fiesta de marines, Saigón, 1972. Ayer tenían que venir cinco misses / modelos / lo que sea a otra fiesta, pero se sintieron indispuestas. Quizás el día anterior almorzaron la misma gamba. Se trata, en fin, de primeros tanteos de agosto. Lo gordo -o bloque b)- acaba de empezar. Es la Copa del Rey de vela. La vela es, a su vez, otra metáfora.

-A dos velas. Con eso de la vela, Palma se llena de otros usuarios. Por cierto, una infanta fue sorprendida por un fotógrafo tomando el sol en una playa mallorquina en estado de gestación avanzado. Su marido hizo lo posible por proteger la barriga del objetivo. Finalmente, el editor de una revista del cuore ejerció la defensa definitiva, y no publicó las fotos. Meditación: en un Estado cuya jefatura se transmite por sucesión, un embarazo real es, digo yo, como unas primarias, por lo que debería ser sensible de ser fotografiado. Bueno. El epicentro de las regatas es el Club Náutico. A los taxistas les mosquea ir al Club Náutico. Uno me dice que para acceder a un muelle han puesto unas prótesis en el asfalto, de manera que los coches botan tanto que, al final de la carrera, el taxista y el cliente han intercambiado su ropa interior. A la presentación de la Copa -barra libre de canapés y unos coros y danzas mallorquines- asistieron los regatistas -entre ellos, el rey de Noruega, que habla con el típico acento noruego- y su entorno. El entorno es el que acude a ver despedirse a los barquitos no chiquititos que cada mañana se van a regatear, o como se diga: señoras que parece que asistan al III Congreso Mundial del Pelo a Mechas, señores con el polo en cuyo cuello, etcétera -aquí, esos polos los llevan aficionados a la vela; en mi ciudad, chicos con el pelo rapado y un bate de béisbol, de lo que se deduce que se trata de un polo para sportmen-, chicas tan morenas que están a cinco minutos de la liofilización, chicos vestidos de regatistas, pero que no son regatistas. Una regata, descripción somera: los regatistas salen, zarpan o como se diga, no se les ve, vuelven, esperan un par de horas a que aparezcan los resultados y luego se enojan y juran en arameo. La Copa es rara. Aparentemente, no sucede nada. Tiene su cosa postmodern: nadie sabe lo que pasa -de hecho, visualmente, no pasa casi nada- y eso es lo que pasa. Por eso hay tantos periodistas. Vienen a hablar de otras cosas. Y a no hablar de otro tipo de cosas. Ya les iré explicando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de agosto de 1999