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REVISTA DE PRENSA

Grandes principios

Bernard Kouchner hace bien en señalar que la reconciliación entre albaneses y serbios de Kosovo "llevará tiempo". El administrador civil de la ONU en el territorio descubre la amplitud del odio que separa a las dos comunidades, un odio que no ha podido curar 78 días de bombardeos de la OTAN. Todo lo contrario. Tras los albaneses, es ahora el turno de los serbios de ser las principales víctimas de la intolerancia. (...) Asesinatos, saqueos, amenazas y actos de hostigamiento se suceden tras el retorno de cientos de miles de refugiados albaneses. (...)A la cabeza de la Administración provisional de la ONU en Kosovo, Bernard Kouchner se revela impotente. Los 35.000 soldados que la OTAN ha desplegado desde su victoria contra las tropas de Milosevic no son suficientes para controlar la violencia que, según datos de la Kfor, se cobra unos treinta muertos por semana, la mayoría serbios. Lo esencial no está en un recuento macabro en el que los muertos de unos pudieran explicar los muertos de los otros. Lo importante es que desde el 12 de junio, día del despliegue de la Kfor, la ONU y la OTAN son responsables de la población de Kosovo.

Más que congratularse en grandes reuniones simbólicas en Sarajevo, los dirigentes aliados deberían aportar los medios para lograr sus objetivos. Por ejemplo, enviar sin tardanza las fuerzas policiales prometidas para Kosovo. Porque la injerencia humanitaria tan querida para Kouchner tiene un precio: el de estar irreprochablemente a la altura de sus grandes principios.

, 3 de agosto

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de agosto de 1999