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Los socios de la OTAN aplazan 48 horas la elección de Robertson como sucesor de Solana

El acuerdo para nombrar a George Robertson como sucesor de Javier Solana al frente de la OTAN tardará aún unas horas en llegar. Pese a que el ministro británico de Defensa sigue siendo favorito para convertirse en el próximo secretario general de la Alianza Atlántica, tres países impidieron ayer el consenso porque sus embajadores aún no han recibido el visto bueno de sus respectivos Gobiernos al candidato. "Pero todo el mundo que importa apoya a Robertson", precisaron fuentes diplomáticas aliadas.

"Nadie se opone al nombre de Robertson, pero tres aún no han recibido instrucciones de sus Gobiernos y no pueden sumarse al consenso", explicaron esas fuentes. Los 19 embajadores se habían reunido ayer de modo informal para explicar la posición oficial de cada Gobierno ante la candidatura de George Robertson, presentada por el Reino Unido el viernes pasado. Los embajadores se conjuraron para que no trascienda el nombre de los tres reticentes. "Se trata de dos países medianos y uno más grande. Pero todo el mundo que importa le apoya", declararon fuentes diplomáticas. Entre los apoyos seguros figuran los de Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y España. Los embajadores volverán a reunirse mañana miércoles, en la confianza de que para entonces todos los aliados tendrán ya una posición oficial sobre el candidato británico. Una vez logrado ese consenso, serán los ministros de Asuntos Exteriores quienes oficialicen el nombramiento, aunque la próxima cita prevista está muy lejos: la tercera semana de septiembre en Nueva York, coincidiendo con la asamblea general de Naciones Unidas. El nuevo secretario entraría en funciones a primeros de octubre. Javier Solana se incorporará el 1 de noviembre a su nuevo cargo de responsable de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la Unión Europea. Las tareas pendientes El mantenimiento de la paz en los Balcanes -y en particular donde hay desplegadas fuerzas aliadas: Bosnia y Kosovo-, la reconstrucción de las relaciones con Rusia -malparadas por el conflicto kosovar-, el impulso y desarrollo de la identidad europea de defensa y la puesta en marcha de la nueva OTAN serán los cuatro grandes ámbitos de gestión del futuro secretario general. Un mandato llamado a consolidar los cambios introducidos en el espectacular cuatrienio que ha vivido la OTAN bajo el mando político de Javier Solana, concretado en Washington con el acuerdo sobre el nuevo concepto estratégico, el salvoconducto que los aliados se han otorgado a sí mismos para atacar en cualquier punto de la llamada zona euroatlántica aunque no tengan la autorización expresa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. De concretarse el consenso en torno a George Robertson, éste llegará a la cúpula política de la OTAN de la misma forma en que lo hizo Solana en diciembre de 1995: por casualidad. Todos los indicios apuntaban a su homólogo alemán, Rudolf Scharping. Pero el canciller Gerhard Schröder quiere mantenerlo en el Gobierno por razones internas. Scharping, un político que parecía acabado por su escaso carisma y su tropiezo electoral ante el viejo Helmut Kohl en las generales alemanas de 1994, ha renacido de entre las cenizas de Kosovo. Su determinación política durante el conflicto le ha granjeado el respeto del canciller y la confianza de EE UU. Schröder quiere que acabe la reforma de las Fuerzas Armadas alemanas, y Scharping se ve otra vez con alas para ser algo más que secretario general de la OTAN: quiere ser el sucesor de su canciller. Descartado Scharping y nombrado comisario europeo el anterior secretario de Estado de Asuntos Europeos, Günter Verheugen, las opciones alemanas eran muy reducidas. Ganaba apoyos el ex ministro de Defensa Volker Ruhe, democristiano. Una fórmula que gustaba en los medios comunitarios para aplacar las iras de la CDU alemana, el partido de la oposición en Alemania, pero primera fuerza política del Parlamento Europeo, todavía convulsionada por seguir sin comisario europeo. Ante los problemas alemanes, la alternativa más fácil era el Reino Unido. Tony Blair ha apostado siempre por el líder saliente de los liberales, Paddy Ashdown. Ardiente defensor de la intervención militar en Kosovo, Ashdown tenía ciertas simpatías en Washington, pero suscitaba reticencias en el Foreign Office, y su absoluta inexperiencia de gobierno dificultaba el consenso entre el resto de socios. El Reino Unido, obsesionado con alcanzar el mando de la OTAN precisamente cuando ésta se dispone a girar la vista hacia la Unión Europea, ha lanzado toda suerte de candidatos, desde el ex primer ministro John Major hasta el ministro de Exteriores, Robin Cook, pasando por los ex ministros conservadores Malcolm Rifkind y Michael Portillo. Hasta llegar a la solución más fácil: el ardiente ministro de Defensa, George Robertson.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de agosto de 1999

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