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Una niña de tres años fallece al ser atacada por un rottweiler de su familia en Valencia

La Policía Local tuvo que matar a tiros al perro para que soltase el cuello de la pequeña

Amparo, una niña de tres años, murió ayer por las heridas que le produjo en el cuello un perro de presa de la raza rottweiler propiedad de su familia. La tragedia ocurrió en una urbanización próxima a Valencia. Un vecino del chalé donde ocurrió el suceso trató infructuosamente de que el animal soltase a la pequeña. Tuvieron que ser varios agentes de la Policía Local de San Antonio de Benagéber los que acabasen a tiros con el perro para que la soltase. La niña fue trasladada a un centro hospitalario cercano, pero los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida.

El suceso se produjo sobre las siete de la tarde, cuando la pequeña jugaba en el jardín de un chalé, en el número 19 de la calle del Verderol, en la urbanización Colinas de San Antonio, del municipio de San Antonio de Benagéber, situado a una decena de kilómetros al noroeste de Valencia. Un vecino, Luis Sáez, relataba anoche que se estaba bañando con su familia en la piscina de su chalé y oyó gritos de una mujer que pedía auxilio. Cuando Sáez entró en el jardín de sus vecinos se quedó sobrecogido: "El perro le estaba destrozando el cuello a la niña y no la soltaba por más que su madre tirara de ella". Sáez detalló cómo empezó a pegarle golpes al perro, a tirarle un balón para intentar distraerlo e incluso a echarle agua. "Ya no sabía qué hacer, cuantas más cosas le tiraba con más fuerza mordía el cuello de la niña". Una patrulla de la Policía Local, que había sido alertada, se presentó en el chalé poco después. Los agentes dispararon al aire, pero el perro no se inmutó. Entonces empezaron a disparar al animal. "Le pegaron siete u ocho tiros", recuerda Sáez, "pero a cada tiro el perro se volvía más violento". Finalmente el perro cayó abatido por los balazos.

Sáez cogió en brazos a la niña y se dirigió rápidamente a un hospital cercano, el Centro de Rehabilitación Levante, pero todo fue en vano. "Llevaba a la niña en mis brazos y a los cien metros noté que había dejado de respirar", cuenta sollozando. "La niña tenía el cuello totalmente destrozado, sobre todo la parte de la tráquea y un lateral", comenta Sáez. "Tenía los ojos en blanco y sangraba muchísimo cuando logramos apartarla de las fauces del perro".

El juzgado de guardia de Paterna, que se ha hecho cargo del caso, decretó el secreto del sumario. La Guardia Civil llegó al anochecer al chalé y estuvo recogiendo pruebas y tomando declaración a los testigos presenciales.

La anterior víctima de los perros de ataque había sido una niña de cuatro años de Palma de Mallorca, que murió en febrero atacada por un dogo argentino, propiedad de su familia. El hecho llegó incluso a ser tenido en cuenta por la entonces ministra de Agricultura, Loyola de Palacio, quien pidió que todos los perros que participaran en ataques fueran "eliminados inmediatamente". La ministra había prometido para la primavera pasada un proyecto de ley para la "prohibición relativa" de este tipo de animales, como el existente en Francia, que finalmente no se concretó.

En 1998 se produjeron al menos dos muertes por este tipo de ataques: la de una mujer en Las Palmas de Gran Canaria en septiembre (los dueños del pitbull fueron enviados a prisión por el juez) y la otra en Siles (Jaén), donde una mujer de 55 años murió atacada por los perros guardianes de una finca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de julio de 1999