Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Taiwan vira

PARA PEKÍN no hay tema más explosivo que Taiwan, que considera parte irrenunciable de China. Por eso la declaración del presidente de Taiwan, Lee Teng-hui, de dar por difunta la política de "una sola China", y sugerir en su lugar que las relaciones entre ambas deben conducirse como si de Estados se tratara, ha provocado el previsible toque a rebato de los dirigentes comunistas. Entre la batería de dicterios contra Teng-hui y las advertencias sobre los riesgos que asume la "provincia rebelde", Pekín ha dado a entender que domina la tecnología de la bomba neutrónica, un hecho que la comunidad científica conoce desde hace años, pero que adquiere relevancia por el momento de su divulgación.En la práctica es un hecho desde hace muchos años que Taiwan y China continental son dos países diferentes: en uno rige un sistema democrático para 22 millones y en otro una dictadura para 1.200; tienen ejércitos, leyes, Gobiernos, monedas y aduanas diferentes. Pero la compartida ficción semántica sobre "una sola China" ha permitido a las dos partes vivir una precaria paz desde que se dividieron en una guerra civil hace medio siglo; y seguir manteniendo a la vez la posibilidad de una eventual reunificación. Este principio, el de la reunificación pacífica de China, es el bastidor del statu quo, que Estados Unidos apoya en una doble vertiente: defensa de Taiwan ante una eventual agresión del gigante vecino, pero rechazo de su reconocimiento como Estado o de su independencia.

Entre los motivos por los que el mercurial presidente de Taiwan -que después de 12 años debe dejar el poder en primavera- ha lanzado su retórica declaración hay al menos dos identificables. Uno y fundamental, las elecciones presidenciales del año próximo, en las que el candidato del gobernante Kuomintang figura en los sondeos detrás del aspirante apoyado por Pekín. El otro, la anunciada visita a Taiwan, en otoño, de la más alta delegación china en 50 años con la intención, no grata a Taipei, de tratar el retorno al redil de la isla.

El momento elegido por Taiwan es el peor: con China especialmente aislada de Occidente tras su contencioso con EEUU por espionaje y el bombardeo por la OTAN de su embajada en Belgrado, y con el poder desquiciado e impredecible de Corea del Norte amenazando insistentemente con probar en el Pacífico un nuevo misil de largo alcance. En estas circunstancias, lo último que necesita una de las zonas más calientes del planeta son palabras peligrosamente armadas. Por razonables que puedan parecer.

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