El expreso de la noche barcelonesa

"A este tren le falta alcohol" afirma una turista norteamericana de 18 años. Acaba de subir al nuevo trenecillo que recorre el corazón de la Barcelona nocturna por 700 pesetas. Diez de la noche. El Moon Express, un nombre cosmopolita para un vehículo con aire de fiesta mayor, sale de la plaza de Catalunya llevando a 30 pasajeros y enfila el paseo de Gràcia. El circo no ha llegado a Barcelona, pero la cara de sorpresa de los transeúntes es digna de ver, todavía no están acostumbrados a contemplar la nueva adquisición de la ciudad. De principio, tres norteamericanas ven puntos flacos en el servicio: "Faltan bebidas y un poco de música... y sobran explicaciones". Quizá por eso, las tres jóvenes optan por sumergirse en un diálogo acerca de sus pretéritas conquistas. El Moon Express, que tiene 58 plazas, permite a quien lo desee desplazarse desde las diez de la noche hasta las tres de la madrugada por el Barri Gòtic y el Eixample. Echó a andar hace ya una semana y ha causado sensación entre los turistas (las cifras apuntan un 60% de ocupación), pero pasada la medianoche la afluencia empieza a decaer. La Pedrera, la catedral y La Rambla son algunas de las paradas obligadas. El tren sale de la plaza de Catalunya, donde tras una hora concluye el recorrido. Vuelve a empezar. En el camino, 11 paradas, en las que los usuarios pueden apearse y subir sin necesidad de pagar dos veces. El tren baja por La Rambla y una voz entusiasta explica el significado simbólico de la fuente de Canaletes: beber de su agua asegura el retorno a la ciudad. En el momento en que la guía recuerda que el Liceo, en reconstrucción tras un fatídico incendio, abrirá sus puertas a finales de año, una camarera asalta el tren inventando una supuesta fuga, harta de la terraza en la que sirve, pero al instante se apea. El trenecillo es una iniciativa que cuenta con el apoyo de Transporte Metropolitano de Barcelona, Sarbús, Julià Tours y Turismo de Barcelona. La versión nocturna del Bus Turístic no ha sido copiada de ningún sitio, según explican sus organizadores, "pero seguro que nos la copiarán", dicen. Ya en el Maremàgnum, las norteamericanas siguen despedazando el recuerdo del penúltimo ligue; mientras, una familia melillense se fija muy mucho en lo que ve, comenta el precio, en su opinión excesivo para los no turistas. La madre explica: "No teníamos tiempo de ver la ciudad, ésta es una forma rápida y bonita, y encima los niños se divierten". Y los niños, uno y una, dan la razón a la madre y ni tan siquiera pestañean, para no perderse un ápice del acelerado aprendizaje. Gran contraste con la disciplina de la maquinaria suiza: cuatro helvéticos, un matrimonio con dos hijos, completan con el Moon Express lo que ya empezó a la luz del día en el Bus Turístic. En silencio, la familia archiva las explicaciones sin aspavientos. Pasear sin caminar Este tren nocturno también da cobijo a parejas que buscan cosas diferentes, aunque no emocionen. Dos venezolanos fatigados del ir y venir obligado para todo turista entienden que el vehículo "es la solución para pasear sin caminar". Otro pasajero lanza una crítica: "Un techo transparente permitiría ver las fachadas de los edificios iluminados". El Moon Express circulará hasta finales de septiembre. Pero si la experiencia del verano lo aconseja, el tren podría recorrer la noche durante aproximadamente diez meses del año. Las guías se muestran satisfechas con su trabajo. ¿Problemas? Los camiones de basura, que también ocupan las calles de la ciudad en horario nocturno. Los pasajeros, dice, "son mucho más pacientes de los que esperábamos". Y es que, desde siempre, Barcelona de noche ha sido una atracción, aunque el tren sólo incluya la ciudad menos canalla, apta para todos los públicos.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Sobre la firma

Ana Pantaleoni

Redactora jefa de EL PAÍS en Barcelona y responsable de la edición en catalán del diario. Ha escrito sobre salud, gastronomía, moda y tecnología y trabajó durante una década en el suplemento tecnológico Ciberpaís. Licenciada en Humanidades, máster de EL PAÍS, PDD en la escuela de negocios Iese y profesora de periodismo en la Pompeu Fabra.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS