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Reportaje:

Nuevas caras del poder municipal

Pamplona, Sevilla, Córdoba, Gijón, Burgos, Soria, Palencia, Vigo, Bilbao, Ibiza, Albacete y Sabadell estrenan alcades

El lanzamiento del txupinazo, que abre las fiestas de san Fermín, es uno de los grandes símbolos del poder en Pamplona. Yolanda Barcina (Unión del Pueblo Navarro-PP) lo protagonizó la semana pasada. Es la primera alcaldesa en la historia de la capital navarra. Una de las muchas caras nuevas que los votos del 13 de junio y los pactos poselectorales entre los diferentes partidos han colocado al frente de las corporaciones municipales. La candidatura de Barcina fue, en principio, una apuesta personal del presidente de la comunidad, su compañero de formación Miguel Sanz. La condición que puso ella para aceptar el reto y dejar la consejería de Medio Ambiente fue poder formar un equipo propio que renovara la imagen de un grupo municipal fuertemente afectado por el asesinato por parte de ETA de su portavoz, Tomás Caballero, en 1998. Burgalesa, de 39 años, licenciada en Farmacia y catedrática en excedencia de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Navarra, Barcina deberá administrar con cintura política la vara de mando, pues sólo dispone de 12 concejales en un consistorio de 27 y los acuerdos de gobernabilidad con los socialistas para frenar el ascenso del nacionalismo vasco no van a significar la incorporación de éstos a su gabinete.

Una de las grandes novedades la constituye Alfredo Sánchez Monteseirín (PSOE), que ha desplazado en Sevilla a toda una clásica, la popular Soledad Becerril. En realidad, el único que no se ha sorprendido de la elección de un socialista como regidor de la capital andaluza ha sido el propio interesado.

Sevillano, de 42 años, licenciado en Medicina e inspector médico, Sánchez Monteseirín comenzó a salvar obstáculos desde que decidió enfrentarse en las elecciones primarias de su partido nada más y nada menos que a un ex presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla. Pero, aun avalado tan sólo por su experiencia en el ámbito municipal -fue concejal en tres pueblos de la provincia y presidente de la Diputación desde 1995-, logró finalmente imponerse y verse arropado por el aparato.

Monteseirín sostiene ahora que, desde esa victoria y contra viento y marea, se veía como sucesor de Becerril, incapaz de retener a sus socios andalucistas de los últimos ocho años para formalizar un nuevo Gobierno de coalición. Ahora, aupado por Alejandro Rojas-Marcos, el presidente y candidato del PA, Montesirín representa el retorno del PSOE a una de sus plazas más emblemáticas.

Rosa Aguilar también ha contribuido a la recuperación por parte de su organización, Izquierda Unida (IU), de su ciudad sagrada, Córdoba. A sus 40 años, lo de esta abogada y diputada en el Congreso ha sido llegar y besar el santo. Julio Anguita, el califa, la presentó en su día como "lo mejor de IU" para reconquistar un feudo tradicional de la izquierda y que había estado gobernado durante cuatro años por el PP. Con todo, su lista no fue la más votada, pero la entente con el PSOE, tras la frustración de 1995, le ha permitido desplazar del cargo a Rafael Merino. Así, Aguilar, con casa en Madrid y Córdoba, muy cerca de la torre de la Malmuerta, es también la primera alcaldesa de izquierdas de una capital andaluza.

Gijón, la más poblada de las ciudades asturianas, estrena igualmente regidora: la socialista Paz Fernández Felgueroso. La ex secretaria de Instituciones Penitenciarias ha arrollado en las urnas: 16 de los 27 concejales. De 61 años y abuela novata, esta abogada ejerció entre 1983 y 1996 diversos cargos en la Administración central -fue delegada gubernamental en Telefónica, entre muchas otras responsabilidades- y también ha sido consejera de Industria del Principado.

Otro viejo conocido del PSOE, Antonio Trevín, maestro, en su día presidente de la comunidad y diputado autonómico, regresa a la alcaldía de Llanes, que ya dirigió de 1987 a 1993.

Tres capitales de Castilla y León presentan asimismo regidores del PSOE: Burgos, Soria -no los habían tenido en la actual etapa democrática- y Palencia. Se trata respectivamente de Ángel Olivares, Eloísa Álvarez y Heliodoro Gallego. Uno de los mayores disgustos sufridos por Juan José Lucas (PP), el presidente de la comunidad, ha sido la pérdida para su partido de una ciudad tan importante como Burgos. Ex delegado del Gobierno en esta misma región y en la extremeña, ex director general de la Policía y ex gobernador civil de Ávila, Olivares es ya su alcalde gracias al acuerdo del PSOE con IU y Tierra Comunera. Templado y dialogante, se ha visto favorecido por la fuerza de Nueva Izquierda, pero los populares insisten en que no tiene asegurada la gobernabilidad de una corporación de la que fue concejal.

A su vez, Gallego, secretario general de los socialistas palentinos, vuelve a la alcaldía de Palencia tras haberla dirigido de 1991 a 1995. Su popularidad no ha sido una cuestión baladí. La primera medida que ha anunciado es la de bajarse el sueldo.

Álvarez, enfermera, también ha obtenido mucha aceptación por su decisión de controlar el gasto en el ayuntamiento soriano, para lo cual ordenará una auditoría.

Lois Pérez Castrillo (BNG), de 38 años, maestro, ha llegado a regir Vigo tras militar en el nacionalismo desde su adolescencia. Entre 1991 y 1995 formó parte del Gobierno de coalición de izquierdas que presidió el socialista Carlos González Príncipe. Entonces se responsabilizó de la concejalía de Participación Ciudadana y puso en marcha el reglamento que articula las amplias posibilidades de intervención de los vecinos en la Administración local. Es el logro político del que más se enorgullece.

Ciertamente, Pérez Castrillo no tiene carisma y en ocasiones le puede la timidez. Sin embargo, ésas no parecen graves carencias para una ciudad que ha conocido regidores carismáticos, populistas, descarados y de rastro menos fructífero que estentóreo. Acaso por eso inspire más confianza en la ciudadanía. Por su sencillez, por su seriedad y porque tiene detrás un equipo trabajador dispuesto a demostrar que puede gobernar en minoría, con ocho de los 27 ediles.

Pero no lo tendrá fácil: por la envergadura de los problemas acumulados, porque la Xunta es del PP y porque González Príncipe, el frustrado candidato del PSdeG que apoyó su investidura, podría convertirse en su primer debelador a la vuelta de la esquina.

Otro socialista, Rafael García Guerrero, de 26 años, es el alcalde más joven de Galicia. En enero ganó las primarias en Noia (A Coruña), lo que le convirtió en secretario general de su agrupación. De inmediato, emprendió una renovación del partido que le llevó a encabezar una candidatura con él como único militante -todos los demás son independientes-. Físico e investigador de la Universidad de Vigo, en cuya facultad de Ciencias prepara su doctorado, ha impuesto un estilo menos agresivo en sus relaciones con el PP.

El más conocido de los nuevos alcaldes vascos es el de Bilbao, Iñaki Azkuna (PNV), que ha trabajado durante las dos últimas legislaturas como consejero de Sanidad del Ejecutivo autonómico. Médico de profesión y uno de los políticos con mayor carisma del partido de Xabier Arzalluz, está obligado a pactar con al menos dos partidos para gobernar con mayoría absoluta.

Otro ex alto cargo de la comunidad que pasa a ocupar una alcaldía es Karmelo Sainz de la Maza, también del PNV, que fue secretario de la Presidencia entre 1990 y 1994 y es ahora el máximo representante municipal en Leioa, una de las principales localidades de la denominada Margen Derecha del Nervión. A su vez, Iñaki Zarraoa, el anterior director de EITB (el ente público de la Radiotelevisión vasca), se ha hecho con la de Getxo, la cuarta localidad más poblada de Euskadi.

José Antonio Jiménez García, mano derecha de Juan Carlos Rodríguez Ibarra en su primer Gobierno, tras los comicios de 1983, también retoma un protagonismo, en su caso espectacular y polémico, en Extremadura. Profesor de Matemáticas que pululaba por las cavernas políticas liderando a los Socialistas Independientes (Siex), un partido de escasa proyección, es el nuevo alcalde de Villanueva de la Serena, una de las localidades más importantes de la comunidad.

Curiosamente, Jiménez se ha sentado en el sillón contando su partido con sólo dos ediles frente a los nueve del PSOE, los ocho del PP y dos de IU. Su designación fue una auténtica sorpresa. Un pacto con el PP e IU lo propició. Nada más pisar la calle tuvo que ser acompañado por las fuerzas del orden al ser increpado por los simpatizantes socialistas.

Jiménez deja atrás una larga travesía del desierto. Rodríguez Ibarra le nombró en 1983 vicepresidente de la Junta de Extremadura y consejero de Economía. Se convirtió así en uno de los hombres más poderosos de la recién estrenada Administración autonómica. Años después abandonó el cargo por discrepancias con Ibarra. Fundó entonces el Siex, que fue nutriéndose de disidentes del PSOE y que no ha tenido ninguna relevancia.

De rostro casi impenetrable, gesto serio, discurso poco dado a las florituras y custodio de algunos secretos de la primera etapa autonómica, Jiménez García tiene ante sí un difícil papel que interpretar.

Los municipios de Baleares se han renovado en más de un 30%. De modo fundamental, con un giro hacia el centro-izquierda. Ello ha mermado el habitual predominio de alcaldes populares.

Uno de los triunfos más significativos ha sido el de Francesc, Xicu, Tarrés (PSOE), un maestro de un colegio religioso que llevaba ocho años en la oposición en Ibiza y que ahora asume la responsabilidad de gobernar. Dentro de la coalición del Pacto Progresista -con Pilar Costa al frente-, a Formentera llega otro socialista, Isidor Torres, también maestro y que, además, será un año senador en sustitución de Costa.

Los pactos anti-PP alentados por los socialistas y los nacionalistas han resultado realmente fructíferos en el archipiélago mediterráneo. Y lo curioso es que han convertido en regidores de Manacor (Mallorca) y Ciutadella (Menorca) a dos ex cargos populares: al farmacéutico Miguel Riera, que representa a una formación con un solo edil, Alternativa Liberal, y al médico Pau Lluch, con dos concejales por Indepedents de Menorca.

Ana Oramas González-Moro (Coalición Canaria), la primera alcaldesa de La Laguna, uno de los municipios más importantes de las otras islas, las Canarias, entró en política en 1983 de la mano del entonces alcalde de Santa Cruz, Manuel Hermoso, presidente de la comunidad en la última legislatura, y se ve apoyada ahora por los diez ediles de su grupo y los cuatro del PP.

Precedida por una gran actividad, en la que ha dirigido los Carnavales de Tenerife y ha sido viceconsejera de Administraciones Públicas y secretaria de la Mesa del Parlamento regional, esta licenciada en Ciencias Económicas, de 39 años, ha tenido que correr contra el reloj, contra las encuestas y contra un PSOE que terminó ganando los comicios, pero con una mayoría insuficiente. Así, junto a María Eugenia Márquez, presidenta del PP grancanario, Oramas se ha colocado como una de las dos mujeres con mayor peso en la política canaria.

Los socialistas también han ganado terreno en Castilla-La Mancha. En algunos casos, con una trascendencia especial. En Torrijos, por ejemplo, siempre había gobernado la derecha desde la reinstauración de la democracia. Ahora, en cambio, lo hace Mercedes Giner, de 44 años, enfermera, quien tiene una "enorme ilusión" por que esta población toledana recupere "la vida que tenía antes".

José Francisco Rivas, de 45 años, una de las sorpresas de las primarias, se ha hecho con Talavera de la Reina. Profesor de instituto, achaca el vuelco a que el PP se había dedicado a hacer oposición a José Bono, el presidente autonómico, en vez de a gobernar. "Eso", dice, "no le gusta a la gente".

Pero la gran capital castellano-manchega recuperada por el PSOE es Albacete. Su nuevo regidor, Manuel Pérez Castell, de 51 años y también procedente de la enseñanza, ya había sido diputado regional, pero ahora parece un niño con zapatos nuevos al hablar de sus proyectos. Su gran obsesión, por la que está dispuesto a jugarse su carrera, es que el tren AVE entre Madrid y Valencia pare en Albacete para darle un nuevo impulso.

Manuel Bustos (PSC), de 37 años, ha roto con la tradición comunista de Sabadell (Barcelona), un fenómeno estrechamente vinculado al carisma de su predecesor, Antoni Farrés. Vencedor ahora por apenas 100 votos, Bustos se ha visto aupado por CiU y ERC.

Valenciano de origen, pero vallesano desde los diez años, es un fiel representante del aparato socialista que se fortaleció bajo la protección de Josep Maria Sala, otrora todopoderoso secretario de Organización. Así que a menudo echa mano de su currículo para defenderse de la acusación de "funcionario de partido": hijo de un constructor y una maestra, entró pronto en la vida laboral y a los 15 años se hizo de la UGT; ha trabajado en el Museo Textil de Terrassa y en el Paleontológico de Sabadell como conserje y es edil desde 1991 y diputado autonómico desde 1995.

Teresa Francín es otra primera alcaldesa, la de Caspe, capital del Bajo Aragón zaragozano. También a ella le cabe el honor de haber devuelto al PSOE un bastión que parecía inexpugnable en manos del Partido Aragonés (Par). De 43 años y funcionaria, sueña con devolver la calma a la ciudad del Compromiso. Y es que en Caspe el anterior regidor rompió el Par e hizo que su lista se desgajara entre los regionalistas, los populares y los independientes. Al final, el Par le dio su voto a Francín.

En este reportaje han colaborado Mikel Muez, Tereixa Constenla, Javier Cuartas, Marifé Moreno, Primitivo Carbajo, Jeremías Clemente, Andreu Manresa, Jaime Pérez-Llombet, Carlos E. Cué y Concha Monserrat.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de julio de 1999