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Tribuna:

Sacramento

El sacramento de la confirmación para un adolescente masai consistía en matar un león. Superada esta prueba se convertía en adulto y según hubiera sido su valor y destreza para enfrentarse al peligro, podía elegir a la joven núbil más atractiva entre el coro femenino que había asistido a esta ceremonia de iniciación. En realidad se trataba de una subasta del semen de los héroes. Algo parecido sucede durante la berrea de los ciervos. Los machos pelean ante la mirada de las hembras y ellas valoran no sólo el esfuerzo en la lucha con las cuernas sino también el poderío de los bramidos antes de ofrecer su sexo para la reproducción. Así mejora la especie. En los animales como en las personas el sacramento de la confirmación da paso a la seducción con la que se inicia la actividad amorosa. Si escarabajos sacan pecho para seducir a su amada y en las noches de verano los alacranes bailan una esforzada danza prenupcial irguiendo la cola repleta de miel esta ceremonia en esencia no es distinta de la que ejecutan los mozos en el encierro de San Fermín o de la violencia ritual que soportan las reses en miles de capeas en los pueblos donde los jóvenes se pavonean entre el sudor, el polvo y la sangre bajo las miradas de las chicas que llenan los balcones. Este sacramento brutal de correr toros y de apalearlos o acuchillarlos después hasta la muerte haciéndose el gallo podría ser interpretado todavía como un rito sexual. Pero hoy las mujeres se han echado al ruedo y este hecho le ha quitado al rito todo su sentido. En los encierros, corridas y capeas populares participan ya chicas adolescentes que en medio de la violencia primitiva contra un animal neutralizan aquel juego previo al apareamiento. Una de las cosas sexualmente más significativas que puede contemplarse en los nuevos veranos ibéricos es esa abundancia de mujeres que en medio de una plaza de carros disputa a los mozos el antiguo papel de galán. Para convertirse en guerrero y poder reproducirse el joven masai ya no tiene que matar un león como el recluta para hacerse soldado tampoco tiene que aguantar las brutalidades del sargento. El heroísmo tiene múltiples facetas: va desde las ínfulas del escarabajo en celo que se hace el chulo hasta la carrera del mozo por la calle de la Estafeta. Antes las hembras miraban y elegían al más valiente. Ahora ellas corren las reses y torean. Se acabó el rito de iniciación. Ya todo es ignominia turística.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de julio de 1999