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CARTAS AL DIRECTOR

Una de marcianos contra indios

Soy un norteamericano que ha vivido más de la mitad de su vida en Europa y creo que es muy peligroso que EE UU intervenga en la riñas domésticas de este continente. Me explico: Soy norteamericano, repito, born in the USA, de padres nacidos en USA y así hasta el siglo XVII, pero, ¡ojo!, yo no soy native american, eso son los indios..., los de los westerns, se entiende.

Los largamente afincados, aunque no nativos, nos emocionamos mucho cuando un navajo o un dakota o un pawnee, o ni que decir un cheyennne, afirma que tal o cual montaña, río o bosque le es sagrado... o que los espíritus de sus antepasados habitan allí.

Nos produce envidia incluso, y cualquier niño criado en el campo americano sabe que "los fantasmas" que habitan los montes suelen ser una "exclusiva" de los pieles rojas.

Había vivido casi veinte años acá, en Europa, antes de darme cuenta (no soy muy inteligente) de que mis primos europeos con los cuales morfológicamente me asemejo eran como los native american, y el raro, los raros éramos los "americanos" a secas...; marcianos, vamos.

Aquí, cada pocos kilómetros cambia el idioma, la tribu, sus mitos, sus "montañas sagradas", digamos, y Asia y África son iguales en este respecto, y que esto es lo normal en el mundo y representa digamos la "ecología" de nuestra especie.

Que una colectividad mutilada por el desarraigo, tan extraña a lo común de la humanidad, dicte soluciones al resto de los seres humanos, que viven entre sus "fantasmas", sus "montañas sagradas", etcétera, donde han habitado durante siglos, me parece mínimamente tan arriesgado como la comida "genéticamente manipulada" y por parecidas razones.

Creo que Charles de Gaulle, por ejemplo, que dijo que gobernar un país con más de doscientos quesos era imposible, y entendía al dedo las idiosincrasias de la "fauna" europea, hubiera aportado soluciones más inteligentes a la crisis de los Balcanes que Clinton, Albright y compañía.- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de junio de 1999