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La Niña de la Puebla muere en Málaga a los 90 años de edad

La cantaora, ciega desde niña, fue figura del flamenco durante décadas

A las 17.20 de ayer, en Málaga, una hemorragia cerebral sufrida el sábado en un homenaje acabó con la vida de la cantaora sevillana Dolores Jiménez Alcántara, La Niña de la Puebla. Tenía 90 años. Más allá de cualquier otra consideración, para el imaginario popular La Niña de la Puebla fue la intérprete que, tras las gafas negras que ocultaban su ceguera, instaló una copla popular, Los campanilleros, en el territorio del flamenco.

"Los campanilleros se han quedado huérfanos de voz", declaraba ayer a Efe el flamencólogo José Luis Ortiz Nuevo, y destacaba el fin de la época que cierra la muerte de La Niña de la Puebla, una época de óperas flamencas, compañías de gira, coplas aflamencadas y cantes de ida y vuelta. José Soto Jiménez, hijo de la cantaora fallecida, valoraba la "especial sensibilidad" de su madre, una mujer culta, amante de la literatura, a quien la ceguera le llevó a crear "un mundo propio". "Nació y vivió para cantar", afirmó ayer Soto, quien evocó un deseo de la fallecida, ser recordada por una canción que cantó con su marido, el también cantaor Luquitas de Marchena: la colombiana llamada Serranía del Brasil.

La Niña de la Puebla, que estaba a punto de cumplir 91 años, iba a recibir de manos de los Reyes la medalla de oro al Mérito de las Bellas Artes la próxima semana en Santiago de Compostela. La medalla será entregada a título póstumo. Dolores Jiménez recibió a lo largo de su carrera, que se desarrolló durante varias décadas, cientos de premios.

Hija de un barbero aficionado al cante, Dolores Jiménez nació en La Puebla de Cazalla (Sevilla). Un colirio mal compuesto le hizo perder para siempre la vista a los tres días de nacer. Con ocho años comenzó a recibir enseñanza especial y musical. A los 20 años, acompañada de su guitarra, actuó en un festival en Morón de la Frontera (Sevilla). Su carrera se lanzó imparable.

Su debú a principios de los años treinta en Sevilla y Madrid fue asociado a la popularización de Los Campanilleros, copla popular que antes había llevado al flamenco Manuel Torre. Admiradora de Pepe Marchena, La Niña de la Puebla fue consumada especialista en los cantes de ida y vuelta. Dolores Jiménez aportó dulzura y melancolía, con su voz delicada y llena de matices.

El mundo flamenco se mostró ayer conmocionado por la desaparición de La Niña de la Puebla. Termina "una de las épocas más lindas del flamenco", señaló José de la Tomasa. El cantaor José Menese dijo que era "una cantante fuera de serie", "con su muerte se pierde el eslabón entre el cante de Pastora y el de nuestra generación". "Dominaba todos los palos, pero lo que mejor cantaba eran las soleás y siguirillas", añadió.

Manolo Sanlúcar, que acompañó a la artista en sus comienzos como guitarrista, coincidió en señalar que "se ha perdido una de las referencias del flamenco de ayer, muy diferente del de hoy, donde nosotros encontramos a nuestros patriarcas". "Además de una gran cantaora, con un amplio repertorio, tenía un estilo particular, que se engrandecía en los palos más dulces y sensibles del flamenco, como las alegrías, colombianas o guajiras", señaló.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de junio de 1999